Yuyarccuni Año II N° 2 Maria Valdivia 260 presos), los sacerdotes, el médico, los presos políticos y los presos comunes. Fuera de este espacio, pero entrando y saliendo en él, están los abogados, las autoridades políticas que presionan a favor de las ejecuciones o medidas atemorizantes como la construcción de los féretros por los mismos presos y los familiares de los encarcelados, especialmente las madres, esposas e hijos. El lector puede entender el conflicto extramuros que significa la estadía en el presidio de un esposo, novio, hermano o padre, en una época en que las mujeres aún no están tan integradas al sistema laboral formalmente y en caso de estarlo, las apristas son proscritas del empleo por serlo. En varias ocasiones, la obra dió cuenta de separaciones, infidelidades, muerte de la madre o los hijos, hambre, prostitución o encarcelamiento de las mujeres de los presos. En ese contexto el periódico y el panfleto se convierten en elementos que comunican ideas e información sobre el exterior, el acceso al signo escrito es otro de los objetos más apreciados del preso político, le permite conocer sobre su situación y construir un canal de vasos comunicantes con el líder y la militancia. A su vez, se convierte en el objeto más perseguido por las autoridades del presidio, sin embargo, los presos políticos llevan una ventaja: las obras que les envían sus familiares casi siempre están escritas en inglés o francés y tienen títulos que son ajenos al entendimiento de las autoridades, quienes provienen de sectores subalternos de la policía o el ejército, como celadores recién alfabetizados, de origen indígena, mestizo o “cholo”. Autoridades cuyos cargos les fueron otorgados por su afinidad al régimen y rara vez por realizar una línea de carrera en las fuerzas armadas. Son textos en lenguas extranjeras obviados durante las requisas, por considerarse que poseen escaso valor. En este punto, se desprende la superioridad educativa del preso, la educación política recibida antes o durante su pertenencia al partido incide especialmente en la necesidad de leer y escribir, como una práctica para el adoctrinamiento. El preso se aprecia a sí mismo como moralmente superior y la prisión expone la escasa formación educativa que poseen los custodios. En la literatura sobre prisiones políticas, el soplón o infiltrado aparece constantemente, es la persona pagada por el gobierno para que obtenga información del preso, sea una delación o algún detalle que pueda ayudar a identificar a los miembros del grupo político. El soplón, debe construir una amistad basada en la confianza con el prisionero, le provee de alimentos, prensa, difunde noticias equívocas para conocer sus reacciones. Es el arquetipo del funcionario que labora para los sistemas de inteligencia y/o espionajes contemporáneos. En la novela tiene un papel privilegiado, el espacio lo amerita debido a que resulta difícil construir una situación de confianza, aún entre los
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