Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Maria Valdivia 245 incluso de la memoria de sus miembros, la posibilidad de la sistematización de experiencias respecto a las respuestas sostenidas por los ciudadanos contra las dictaduras, impidiendo la organización crítica de un discurso sobre la complejidad de la construcción y trayectoria de un partido, en este caso el APRA. Es posible inferir, que debido a que en esta agrupación no existieron asociaciones de ex prisioneros —aunque si de desterrados políticos y prisioneros apristas al interior del Panóptico—, el recuerdo de sus luchas contra las dictaduras se diluye con el tiempo, a pesar que las dirigencias se han erigido en custodios de la memoria o simplemente las han dejado en el olvido, de cierto tipo de memoria debiera decirse, cuyas condiciones de producción tienen semejanza con lo que Michael Pollack refiere para otros contextos4, en los cuales: [El partido] vehiculiza su propio pasado y la imagen que forjó para sí misma [o]. No puede cambiar de dirección ni de imagen abruptamente a no ser bajo el riesgo de tensiones difíciles de dominar, de escicisiones, e incluso de su propia desaparición si los adherentes ya no pudieran reconocerse en la nueva imagen, en las nuevas interpretaciones de su pasado individual y en el de su organización. Lo que está en juego en la memoria es también el sentido de la identidad individual y del grupo (Pollack, 1989, p. 12). En ese sentido, en el APRA existieron diversas maneras de institucionalizar la memoria: fechas importantes, como el día de la Fraternidad (22 de febrero), romerías al cementerio de Trujillo para visitar las tumbas de los caídos durante la revolución de 1932, plazas y avenidas con los nombres de los líderes fundadores y dirigentes importantes. Las marcas de la memoria también aparecen a través de la ubicación de los locales de reunión partidaria, en lugares estratégicos de la ciudad, cercanos a plazas de gran tamaño para realizar posibles alocusiones discursivas o mitines. En términos más espotáneos, los militantes bautizan a sus hijos con los patronímicos de los fundadores, nombres como Víctor Raúl, Luis Alberto, Alan, Estrella, Victoria se han vuelto una constante, explicando la procedencia política familiar, al igual que en otros grupos partidarios como el comunista, las denominaciones de Lenin, Stalin, Vladimir, Fidel, Camilo o Ernesto (Che Guevara), sirvieron para perennizar la memoria de la militancia familiar. Estos elementos constituyen indicios sobre la manera en que en el APRA se logró encuadrar la memoria con el objetivo de fidelizar a la militancia en el marco de experiencias afectivas y solemnes. Frente a estas 4 Pollack hace clara referencia a los dos procesos de desestalinización que vivió la Unión Soviética: durante el gobierno de Nikita Kruschev (1958) y la Perestroika con Gorbachov (1985). Los años indican la asunción del mando.

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