Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Axel Sanchez 230 dio Nacional fue el balompié, como puntualiza Pulgar Vidal (2014), a partir de la presencia de Leguia en un partido del representativo peruano en el sudamericano organizado en Lima en 1927. El deporte tanto política como socialmente se centralizó en la ciudad de Lima. Lima en 1930 ya contaba con aproximadamente 300 000 personas, pero menos del 5% de la población limeña podía ingresar al Coloso del José Díaz. Su organización espacial circundaba el viejo casco urbano colonial con algunos distritos que se fueron creando en la periferia como: Lince, La Victoria y Jesús María. Sin embargo, sus fronteras naturales eran las haciendas agrícolas que limitaban el espacio costero, cuyo litoral estaba poblado por las clases adineradas y extranjeros quienes vivían en los balnearios de Barranco y Miraflores. Hacia el oeste se crearon los distritos de San Miguel (1920) y Pueblo Libre (1940) al descomponerse jurisdiccionalmente el pueblo de Magdalena. Estos distritos formaban otros ambientes que eran aptos. El Estadio Nacional de Lima fue un obsequio de la colonia inglesa al gobierno peruano por las celebraciones del Centenario de la Independencia del Perú (1921). Pulgar en El clásico argumenta que el Estadio Nacional fue un nexo que facilitó al presidente Leguía a relacionarse con las masas. Además, hace referencia que: En la ciudad de Lima de la tercera década del siglo XX, el espacio ideal para que los pobladores se encuentren y demuestren sus pasiones, sin mucho control, fue el estadio de fútbol. A el llegaban aficionados procedentes de todos los sectores sociales, sobre todo porque los equipos que participaban de los partidos habían sido fundados por la elite, por los obreros, por los estudiantes y por los pobladores de los vecindarios. El estadio tiene una de las características de todo espacio público: en él se encuentran los iguales y los diferentes que, durante su permanencia en las tribunas, pueden ejercer esa igualdad o esa diferencia con relativa libertad, pese a las limitaciones arquitectónicas. (Pulgar Vidal, 2014, p.123) El autor nos señala que el estadio democratizaba el aspecto social, racial y económico de los fanáticos que acudían al escenario deportivo puesto que, la acción de seguir a un equipo y compartir pasiones y emociones hacían iguales a todos frente a un mismo hecho. Sin embargo, las comodidades y los diferentes precios que se daban por entrar a una parte de la tribuna ya sean lejos o cerca, con asientos o escalones, con sombra o al aire libre, marcaban siempre un estatus.

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