Yuyarccuni Año II N° 2 Giannino Rivas 194 el de Palma-Prada y, antes, sobre el Mercurio Peruano, Haya de la Torre, unos años después, expresará un sentir drásticamente distinto: Ustedes saben bien que “El Mercurio Peruano” se llamó a una revista de los intelectuales de Lima, hace un siglo, si no me equivoco. Muerta por largos decenios, un grupo de intelectuales conservadores, encabezados por el señor Víctor Andrés Belaunde, decidió resucitarla. En el Perú —y esto ustedes lo saben también— los intelectuales han seguido dos tendencias: la tradicionalista de Palma (Ricardo) o la avancista de González Prada, nuestro más alto apóstol. En torno de Palma se agruparon los señoritos de la intelectualidad aristocrática limeña; con Prada se fueron los provincianos, los modestos y los “huachafos” como les llaman los otros (Haya de la Torre, 1995 [1925], pp. 138-139). En relación con los “señoritos de la intelectualidad” que refería Haya de la Torre, Luis Alberto, todavía en 1921, seguía admirando la vigorosidad de Riva Agüero y temiendo que se descarrilara, pues éste, su maestro, encarnaba el: “[…] futuro constructor, según todas las apariencias, de una completa historia del Perú. A no ser que las solicitaciones irresistibles de la política, lo desvíen de este camino […] Riva Agüero tiene una personalidad inconfundible de vigoroso relieve. Con toda la contextura del erudito, el vuelo del pensador y el ardor del polemista” (Sánchez, 1990 [1921], p. 136-143). De esta forma, todo hace pensar que, hasta aquellos momentos, los primeros años del Oncenio (1919-1930), la postura de Luis Alberto Sánchez era conciliadora, creía que se podría construir sobre las diferencias y diametralmente distante de la emotividad política con que algunos años después preguntará: ¿Tuvimos maestros en nuestra América? Conclusiones De esta forma y hasta aquel momento se pueden concluir algunas ideas. Primero, que el escenario que presenta Lima a inicios del siglo XX es fundamental para la formación de identidades grupales o generacionales en el espectro intelectual. Factores como la educación, las tertulias, las salas de prensa y, sobre todo, la cercanía que se presentaba en la ciudad de los distintos ambientes y locales juveniles, hacen que se tejan y refuercen vínculos de identidad. Segundo, la manifestación de esta identidad grupal o generacional se encuentra claramente esbozada en los escritos y vivencias de los jóvenes intelectuales y son, al fin y al cabo, discursos de pertenencia que se forman, se asumen y, con el tiempo, se transforman. Todos estos discursos siguen de
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