Yuyarccuni Año II N° 2 Giannino Rivas 193 solo se habían movilizado por cambios radicales en sus claustros, sino que también habían participado en sendas luchas por el reconocimiento de la jornada laboral de las ocho horas. Luis Alberto Sánchez, más adelante, revelaría que se declaraba como inoperante políticamente en aquellos años de juventud. No obstante, fue de los que participaron en la Reforma de 1919 pero, a su vez, mantenía contacto con los arielistas. Eran, pues, años álgidos y convulsionados. Las demandas sociales, el ascenso de una figura como Augusto B. Leguía y la cercanía al centenario patrio hicieron del ambiente nacional —y, sobre todo, limeño— que las juventudes tomaran partido y posiciones claras. A diferencia del accionar de Víctor Raúl Haya de la Torre o el mismo José Carlos Mariátegui, que con sus escritos expresaron, de manera más notoria, su descontento y deslinde; Sánchez seguía acudiendo con constancia junto a Porras a las tertulias de la Protervia. Por el Mercurio Peruano, resulta pertinente que se mencione, no pasó desapercibida la coyuntura nacional. Es más, acogió sin reparos las colaboraciones de los más prometedores jóvenes intelectuales sin dejar de lado, tampoco, a los más activos políticamente: Precisamente la conmemoración del centenario de la Independencia incorporó al Mercurio al grupo sanmarquino del Conversatorio Universitario: Raúl Porras, Luis Alberto Sánchez, el citado Leguía, Jorge Basadre, Ricardo Vegas García, Manuel Abastos, Carlos Moreyra y Guillermo Luna Cartland. (Pacheco Vélez C., 1988, p. 31). De aquel preciso momento interesa, sobre todo, el homenaje que realiza Sánchez por la muerte de Ricardo Palma en la edición bimestral de octubre-noviembre de 1919 del Mercurio Peruano, tan solo unos meses después de la reforma universitaria: Hay quienes piensan que no se puede citar el nombre de Prada al lado del de Palma: pero me complazco en establecer, no el paralelo, que eso es imposible, sino la divergencia […] Y he aquí a lo que yo quería llegar. Palma y Prada no se excluyen; se integran. No se debe decir que este es menos peruano que aquel. Ambos son igualmente peruanos. Se trata, solamente, de limeñismo. Palma, a fuer de buen limeño, es burlón y mordaz; Prada es la fuerza, el insulto leal. (Sánchez, 1990 [1919], pp. 128-129). Se observa, pues, una posición en Sánchez que busca complementar las contradicciones y oposiciones; más aún, opta por posiciones integracionistas que escapen a cualquier tipo de polarización. Respecto al mismo tópico,
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