Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Giannino Rivas 181 fueron funcionando como ámbitos de interacción y socialización, para jironear y encontrarse. De esta forma, las fábricas textiles de Vitarte, las oficinas bancarias y de la bolsa, los puertos, entre otros, se convirtieron en espacios de realización personal. Acercando a las personas a experiencias comunes. Específicamente los jóvenes, materia del presente trabajo, también tuvieron sus espacios por predilección. Los grupos arielistas, aquellos nacidos entre los años 1880 y 1885; los colónidas, más jóvenes; y los del centenario, se toparon en el umbral de los proyectos y cambios que experimentaba la Lima del siglo XX. Grupos sociales Basadre llamó República Aristocrática al periodo que comprende este trabajo y, si bien ha habido debates en torno a la efectividad del término2, lo cierto es que resulta pertinente para la investigación presente bosquejar, al menos, tres grandes grupos dentro de la sociedad urbana limeña de aquel entonces. Con grupos sociales dirigentes escindidos entre los del poder político como los civilistas, sobre todo, y los del poder económico en auge como banqueros, empresarios, hacendados y extranjeros exitosos pero que, a su vez, formaron alianzas con los civilistas por fines políticos y de estatus (los Leguía, Aspíllaga, entre otros). Los grupos de clase media los hubo en tanto familias importantes —decentes, como se hacían llamar— pero venidas a menos y los sectores pujantes con ganas de escalar, los cuales, en su afán de mimetizar las costumbres de los estratos tradicionales fueron caracterizados por José Gálvez (1945) como “huachafos” o “huachaferos”. Para Parker (1995), a pesar de los desplazamientos de las élites a los distritos del sur (Barranco y Miraflores), gran parte de este sector mantuvo su residencia en el Cercado, lo que hacía que “la vivienda más común [fuera] la casona colonial”, donde se tejerían relaciones interesantes (p. 163). Estas familias se preocuparon por el ascenso social y no hubo mejor forma de lograrlo que la educación. Así, mandaron “a sus hijos al colegio correcto, de “mejor roce” —donde podrían conocer a los hijos de la buena sociedad (La Recoleta si era posible)” (Parker, 1995, p. 170). De tal suerte se tuvo con el tiempo a un grupo de jóvenes, cada vez más instruidos y gozando del roce que brindaban la convivencia en los círculos de enseñanza. El caso de Abraham 2 A los grupos dirigentes se le ha denominado usualmente como aristocracia (Basadre, 1930), oligarquía (Bourricaud 1969; López 1977), grupo de notables (Del Águila 1997), élites (Mc Evoy 1997, Muñoz 2001), financistas o banqueros (Quiroz, 2013, p. 259).

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