Voces y cantos de las mujeres

I DIOSAS, REINAS Y ESCLAVAS Misericordia Ishtar, que gobiernas el universo, heroica Ishtar, que creas la humanidad, la que camina delante del ganado, la que ama al pastor. Impartes justicia a los afligidos, a los que sufren impartes justicia. Sin ti el río, no se abrirá, el río que nos trae la vida no será cerrado, sin ti el canal no se abrirá, el canal del que beben los parias, no será cerrado. Ishtar, señora compasiva, Escúchame y concédeme clemencia. Himno a Ishtar, Diosa de Babilonia. Para el filósofo francés, Michel Foucault, la historia y el conocimiento adquirido y organizado a lo largo de los siglos, expresan inequívocamente las relaciones de poder entre los hombres y la lucha contraria entre estos poderes. El poder y el conocimiento están, pues, estrechamente vinculados al desarrollo de la humanidad, y, por consiguiente, a la condición de la mujer. En esta perspectiva, la formación del sistema patriarcal se plantea como el resultado de un proceso histórico relacionado con la cultura, el conocimiento y las relaciones de poder que predominaron. Es decir, la explicación del pasado no puede remitirnos al determinismo biológico ó a referencias simbólicas equivocadas, sino a la interpretación de los complejos cambios que se sucedieron desde el período neolítico cuando la mujer y lo femenino estuvieron asociados a la vida, al principio de creación y lo divino, hasta la posterior predominancia del hombre y lo masculino. Predominancia que en la actualidad enfrenta una situación particular porque – como dice Pablo Macera -, a diferencia del complejo hardware que ha caracterizado las dos primeras revoluciones industriales desde el siglo XVIII hasta la segunda mitad del siglo XX, la tercera revolución industrial es suave, de software. Lo que necesariamente exigirá respuestas mucho más elaboradas para las nuevas formaciones sociales y políticas. “Entre otras razones porque los hombres registran una fatiga de poder que no viene a ser sino la internalisación subjetiva de su fracaso objetivo al crear un mundo de masculinidad excluyente en lo económico, tecnológico, social y político”1 El poder de la vida En uno de los versos de El cántaro roto, Octavio Paz dice que para reconocernos y ser fieles a nuestros nombres, “hay que soñar hacia atrás, hacia la fuente, hay que remar siglos arriba”. En ese viaje hacia la fuente, encontramos importantes vestigios de pintura rupestre y pequeñas figuras de mujeres con pechos, caderas y nalgas 1 Pablo Macera. Prólogo, en Sara Beatriz Guardia. Mujeres Peruanas. El otro lado de la Historia. Lima. Editorial Minerva, 1995, pp. 12 - 13. (3ª edición).

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx