Voces y cantos de las mujeres

Como desquitándose de la sociedad aristocrática y patriarcal de Arequipa que la rechazara y marginara, a su regreso del Perú donde conoció el intenso dolor del desprecio y de la frustración, la franco-peruana Flora Tristán anotaría en sus Peregrinaciones de una paria que la mujer "tiene sobre el hombre una superioridad incontestable" pero que es necesario que "cultive su inteligencia y sobre todo que se haga dueña de sí misma" para conservarla. A través de esta singular apreciación sobre la relación tensa entre los sexos, Flora Tristán no hacía sino expresar en el fondo, la doble postulación de una mujer consciente de su valor en tanto que mujer y de su fragilidad en el seno de una sociedad que la discrimina y la margina desde tiempos inmemoriales; una doble postulación que constituiría la piedra angular del feminismo, especialmente hispanoamericano del siglo XX, como recalca de manera esclarecedora en sus declaraciones un tanto polémicas la novelista chilena Marcela Serrano. Dicho con otras palabras, Flora Tristán postulaba ya implícitamente una nueva lectura de la historia desde una perspectiva de género. Aquella misma que postula explícitamente Sara Beatriz Guardia al referirse a la reconstrucción del pasado femenino, entendido como "modelo conceptual que permita describir, separar y focalizar el otro lado que ha quedado oculto". En este sentido, al darnos una visión de género más amplia en el espacio y en el tiempo, Voces y cantos de las mujeres completa de manera pertinente el novedoso trabajo Mujeres peruanas. El otro lado de la historia, publicado en 1985 y ampliado en 1995 en la tercera edición. Si en su primer estudio, Sara Beatriz Guardia emprendía una revisión sistemática de la historia oficial del Perú desde el período precolombino hasta la actualidad, pasando por la conquista, la colonización, sin olvidar, por supuesto, toda la era republicana que no llegó a romper con la impostura de un pasado visto como unívoco, una historia donde se había borrado injustamente la presencia de la mujer a la par que se negaba la historia legítima de los vencidos, en este nuevo libro da un paso adelante decisivo hacia el reconocimiento y valoración del papel de la mujer en el proceso formativo de los pueblos y naciones, tanto del Nuevo como del Viejo Mundo. En Voces y cantos de las mujeres, las fuentes documentales se han enriquecido por un recurso más sistemático a la arqueología y la antropología, a distintas ciencias humanas y sociales que sirven de complemento a las tradicionales fuentes históricas escritas u orales: crónicas, documentos administrativos, proclamas, testimonios, etcétera. Es un trabajo sólidamente argumentado que inicia en América Latina un nuevo camino en los estudios de género, a partir de una percepción abierta y globalizadora de fenómenos históricos equivalentes, o comparables, pero que se manifiestan de manera distinta, a veces paradójica y contradictoria, en función de los lugares y de los tiempos donde se producen. Y no es mérito menor el de este libro haber procurado romper las estériles fronteras de género y la artificial división de las actividades humanas en parcelas aisladas. Parafraseando a Claude Levi Strauss en su definición del vínculo sagrado que une al hombre y la divinidad en la ceremonia mágica primitiva, agregaré

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