Voces y cantos de las mujeres

Wesendonk; María Wiesse, comenta Las mujeres y el Estado Soberano de A. Maude Royden (No. 1), y Faits divers, de Henri Barbusse (No. 14). También, dos ensayos de Andre Maurois publicados en 1928 en la revista Nouvelle Revue Francaise: Voyage au pays des Articoles y Bernard Quesnay. Y, el libro de Luc Durtain, L´Autre Europe. Asimismo, en torno a los poetas Charles Vildrac y Guy Charles (No 16), y La vie prodigieuse d´Honoré de Balzac de Rene Benjamin (No. 22). Las más importantes revistas de la época aparecen glosadas en esta sección. Carmen Saco, reseña Monde, dirigida por Henri Barbuse, (No. 19). María Wiesse, Europe (No. 21), y Bifur (No. 27) donde escriben: Nathan Alman, Lilika Uacos, Jean Giono y Ramón Gómez de la Cerna. En 1929, Mariátegui comenta la autobiografía de la bailarina Isadora Duncan, a quien le otorga la misma significación que a Lord Byron. Establece una comparación entre Byron, hijo de la aristocracia que al servir la causa de la libertad y del individualismo, "abandona los rangos y la regla de su clase", e Isadora Duncan, hija de la burguesía que "en guerra contra todo lo burgués, combina el ideal de la rebelión con los gustos del decadentismo"50. Destaca dos hechos de la autobiografía de Isadora Duncan; primero, que la bailarina se atreva a contar diversos episodios de su vida "aventurera y magnífica", y segundo, que se defina con una "sinceridad y con una penetración muy superior a la de la generalidad de sus críticos y retratistas". Quienes se equivocan, dice Mariátegui, "al ver exclusivamente decadentismo o clasicismo en la artista, sensualidad y libídine en la mujer"51. Otro elemento sugestivo del comentario, es la similitud que encuentra entre Isadora Duncan y George Sand respecto del amor. Aunque ambas tendían por naturaleza y convicción a la fidelidad, no fueron fieles. “La romántica dejaría de ser romántica si no pensase de este modo, dice Mariátegui, y dejaría también de ser romántica si practicase la fidelidad hasta sacrificarle su libertad de movimiento, de inspiración y de fantasía”52. Los dos últimos artículos que Mariátegui dedica a personajes femeninos están comprendidos en los comentarios que hiciera al libro Les derniéres nuits de París, de Philippe Soupault, y Nadja de André Bretón. En la obra de Soupault, se refiere a Georgette, una mujer pobre que se prostituye. Es, dice, en su banalidad y miseria una criatura genuina y exclusivamente parisina. La ve como una "pálida paseante nocturna que roza los más trágicos secretos de París, que en el ambiente hosco, en las logias canallas del vicio, conserva la señorilidad de una musa"53. En cambio, a Nadja de André Bretón, la califica de musa del suprarrealismo. Personaje posible y real para el habitante de cualquier ciudad como París, y se conduele de ella: "Sus hermanas - criaturas de una filiación al mismo tiempo vaga e inconfundible - deambulan por las calles de París, Berlín, Londres, se extinguen en sus manicomios. Son la más cierta estirpe poética de la urbe, el más melancólico y dulce material de la psiquiatría"54. Pero como musa del suprarrealismo, señala Mariátegui, no ha nacido sino para “encarnar en la obra de un poeta del Novecientos. Después de haber excitado e 50José Carlos Mariátegui. "Las memorias de Isadora Duncan", ob.cit., p. 197. 51 Ibídem, p. 198 52 Ibídem, p. 200. 53 José Carlos Mariátegui. "Les derniéres nuits de París, por Philippe Soupault", en Signos y obras. Lima. Empresa Editora Amauta, 1971, p. 27 (3ª edición). 54 José Carlos Mariátegui. "Nadja" de André Bretón", ob.cit., pp. 179-180.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx