Voces y cantos de las mujeres

sólo habían surgido mujeres de letras, pero "no habíamos tenido propiamente una poetisa"31: "Magda Portal es, casi siempre, la poetisa de la ternura. Y en algunos se reconoce precisamente su lirismo en su humanidad. Exenta de egolatría megalómana, de narcisismo romántico, Magda Portal nos dice: "Pequeña soy". Pero ni piedad, ni ternura solamente, en su poesía se encuentran todos los acentos de una mujer que vive apasionada y vehementemente, encendida de amor y de anhelo y atormentada de verdad y de esperanza. En su poesía nos da, ante todo, una límpida versión de sí misma. No se escamotea, no se mistifica, no se idealiza. Su poesía es su verdad. Magda no trabaja para ofrecernos una imagen aliñada de su alma en "toilette" de gala. En un libro suyo podemos entrar sin desconfianza, sin ceremonia, seguros de que no nos aguarda ningún simulacro, ninguna celada. El arte de esta honda y pura lírica, reduce al mínimo, casi a cero, la proporción de artificio que necesita para ser arte. Esta es para mí la mejor prueba del alto valor de Magda. En esta época de decadencia de un orden social - y por consiguiente de un arte - el más imperativo deber del artista es la verdad. Las únicas obras que sobrevivirán a esta crisis, serán las que constituyan una confesión y un testimonio"32 No cree Mariátegui que la poesía de Magda Portal sea un caso excepcional; por el contrario, sostiene que la poesía un poco envejecida en el hombre, renace rejuvenecida en la mujer. Se trata de un vasto fenómeno común a todas las literaturas y un fenómeno de nuestra época en la historia de la civilización occidental, porque antes sólo hubo poesía masculina, la de las mujeres también lo era, "pues se contentaba con ser una variación de sus temas líricos o de sus motivos filosóficos". La poesía no tenía signo de varón, pero tampoco, "el de la mujer - virgen, hembra, madre -. Era una poesía asexual". A partir de una creación propia, “la poesía de la mujer se ha emancipado y diferenciado espiritualmente de la del hombre"33. Atribuirle rasgos puramente sexuales - virgen, hembra, madre -, a lo femenino podría significar una limitación en la reflexión de Mariátegui34, porque ni lo femenino ni lo masculino se circunscriben sólo a la cuestión sexual. Sin embargo, creemos que el acento puesto en la sexualidad está orientado a destacar y valorar aquello que le cuesta más asumir a la mujer en su expresión literaria. En cambio, cuando escribe sobre Madeleine Marx, más que una crítica a su novela C'est la lutte final, orienta su reflexión a distinguir la postura revolucionaria de la autora, a quien sindica como a "una de las mujeres de letras más inquietas y más modernas de la Francia contemporánea". Subraya que el saludo de los obreros rusos a la revolución, es el grito multitudinario de combate y esperanza que Madeleine Marx ha oído en las calles de Moscú. “Toda la emoción de una época está en él. Las muchedumbres revolucionarias. La ilusión de la lucha final resulta, pues, una ilusión muy antigua y muy moderna. Cada dos, tres o más siglos, esta ilusión reaparece con distinto nombre. Y, como ahora, es siempre la realidad 31 José Carlos Mariátegui. 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana". Lima. Empresa Editora Amauta, 1992, p. 322 (Quincuagésima séptima edición). 32 Ibídem, p. 97. 33 Ibídem, p. 323. 34 Modesta Suárez, "José Carlos Mariátegui. Reflexiones en torno a una estética femenina”, en Roland Forgues. Mariátegui: una verdad actual siempre renovada. Lima. Empresa Editora Amauta, 1994, p. 151.

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