V MARIATEGUI Y LA LITERATURA ESCRITA POR MUJERES ¿Toda Magda está en estos versos? Toda Magda, no. Magda no es sólo madre, no es sólo amor. ¿Quién sabe de cuántas oscuras potencias, de cuántas contrarias verdades está hecha un alma como la suya?. José Carlos Mariátegui. Desde el período que él califica como la Edad de Piedra, encontramos presentes en Mariátegui una diversidad de preocupaciones sociales, políticas, estéticas, religiosas y literarias. En sus crónicas y artículos de esos años, cuando era conocido como Juan Croniqueur, es posible advertir también un marcado interés por la vida cotidiana. Sin embargo, lo más significativo de esta etapa, es el malestar que le produce la situación del país. En 1918, enfatiza: "Si yo me gobernara, en vez de que gobernara la miseria del medio, yo no escribiría diariamente, fatigando y agotando mis aptitudes, artículos de periódico. Escribiría ensayos artísticos o científicos más a mi gusto"1 La disconformidad ante la mediocridad del medio motiva en Mariátegui una actitud de rebelión inmediata2, expresada en el análisis de la realidad, la disciplina, el método, y el acento en la virtud y la ética. "Me enorgullece, dice, mi juventud porque es sana y honrada y porque conserva esta gran virtud de la sinceridad". Y añade, "ninguna influencia me ha malogrado. Mi producción literaria desde el día en que siendo niño escribí el primer artículo ha sido rectilínea y ha vibrado en ella siempre el mismo espíritu"3 No obstante, esta etapa que él mismo definió como la Edad de Piedra, sólo constituye para Mariátegui ocho años de juventud y de tanteos de literato aficionado, y no vacila en afirmar que en su "adolescencia literaria" se nutrió de "decadentismo, modernismo, estetismo, individualismo, escepticismo4, cuyas manifestaciones lo ruborizan porque considera "demasiado malos esos versos y esas crónicas"; y agrega que muy raras veces firmó sus artículos con su nombre por intuición o presentimiento. Aunque esta separación corresponde a un evidente "salto de calidad que significa el encuentro con el mundo europeo, en un período tan intenso de su historia”5, ubicó de manera estática una oposición entre el joven Mariátegui y el Mariátegui maduro; entre la Edad de Piedra y la etapa posterior al viaje a Europa. Lo cual dejó incompleta una visión de conjunto de su obra, de su desarrollo intelectual, cultural, político, y de su propia vida. No se trata de dividir a Mariátegui en dos períodos, sino de situar su obra en el marco de un proceso, que incluso él mismo reclama cuando sostiene que su pensamiento y su vida constituyen un único proceso. 1 El Tiempo. Lima, 27 de junio de 1918, p. 2. 2 Oscar Terán. Discutir Mariátegui. México. Editorial Universidad Autónoma de Puebla, 1985, p. 21. 3 La Prensa. Lima, 2 de marzo de 1916. 4 José Carlos Mariátegui. 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. Lima. Empresa Editora Amauta, 1968, p. 274. (13ª edición). 5 Antonio Melis. “Mariátegui y la Crítica de la Vida Cotidiana”, en Ensayos sobre Mariátegui. Simposio de Nueva York 1980. Lima. Empresa Editora Amauta, 1987, p. 33.
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