después cercar y cortarle el suministro a la ciudad antes del ataque. Juan José Vega, plantea que Micaela quería tomar el Cusco con el objetivo de “desencadenar una guerra campesina, (...) con exclusión de las demás clases sociales. Lo hacía (...) sin considerar una agravante: podrían producirse arrasamientos étnicos y culturales, merced a la brutal opresión a la que se hallaba sujeto el campesinado andino”. En cambio, la estrategia de Túpac Amaru estaba “destinada a doblegar a la gran urbe a través de la conjura interna y mediante la participación activa de otras clases y grupos étnicos urbanos opuestos al dominio español; proceso al cual se complementaría el ataque desde fuera y en el momento preciso” 37. Lo siguientes días Micaela continúa presionando aunque ya no evidencia sino una notoria fatiga y tristeza. El 10 de diciembre le comunica: “Sucacagua nos ha hecho traición, y los demás como te impondrá la adjunta; y así ya no estoy en mi, porque tenemos muy poca gente. De mis cartas has hecho muy poco caso, tratando de estregarme a las astas del toro; y así no permitas que me quiten la vida, pues tu ausencia ha sido causa para todo esto”38 Hay que tener en cuenta que se encontraba sola en medio de enemigos y de servidores que no se oponían a su autoridad. Otro aspecto relevante que hay que considerar es que dictaba - seguramente en quechua - las cartas que le enviaba a Túpac Amaru, y es previsible que pudo haber sido engañada. Por ejemplo, confió sin reservas en un informe que desde el Cusco le envió su primo José Palacios, donde le decía que contaba con 50 mil esclavos negros que apoyarían el ataque a esa ciudad. En ese contexto la ganó la vehemencia revolucionaria, la pasión de avanzar, de arrebatarle el Cusco a los extranjeros, a los opresores de su pueblo. Este carácter aguerrido también se observa en otras mujeres que participaron en el movimiento. Tomasa Titu Condemayta, Cacica de Acos, provincia de Quispicanchi, dejó a su esposo y a sus hijos para ponerse al frente de la tropa. Demostró una total fidelidad a Túpac Amaru, y fue quizá la única que se opuso terminantemente a Micaela Bastidas en su decisión de marchar al Cusco. No en vano ésta última no sentía simpatía por la valiente Cacica. Cecilia Túpac Amaru, prima de Túpac Amaru y esposa del español Pedro Mendigure, fue una combatiente ejemplar en los preparativos insurreccionales del cerro Piccho; Bartolina Sisa, esposa de Túpac Catari, dirigente en las regiones del Alto Perú y lugarteniente de Túpac Amaru, intentó el 13 de marzo de 1781 sitiar La Paz y Sorata; Gregoria Apaza, hermana de Túpac Catari, combatió junto a Andrés Túpac Amaru; Marcela Castro, alentó y participó en el levantamiento de Marcapata; Ventura Monjarrás, anciana madre de Juan Bautista Túpac Amaru, y Margarita Condori, que ayudó al abastecimiento de las guerrillas de Diego Túpac Amaru. Todas fueron ejecutadas39. Marcha al Cusco El 13 de diciembre Micaela Bastidas lanza un edicto nombrando coronel a José Mamani y capitán a Simón Aymi Tupa; colaboradores leales pero de poca importancia. No existe ninguna evidencia que tal medida haya sido consultada con Túpac Amaru, a pesar de que dice obedecer sus instrucciones. Se trata de una orden 37 Vega, ob. cit., p. 299. 38 Loayza, ob. cit., p. 53. 39 Ver: Sara Beatriz Guardia, ob. cit., pp.92 a 94.
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