Son numerosos los levantamientos que originó el sistema de explotación y opresión impuesto a los indios. Pero es a partir de 1770, que las protestas contra los atropellos se suceden de manera constante. En 1742, estalla la insurrección de Juan Santos Atahualpa quien durante diez años fustigó a los españoles con ataques sorpresivos de sus columnas guerrilleras, aún cuando se desarrolló en la zona amazónica, área periférica a los intereses del virreinato. En 1773, la contienda se extendió al norte del Perú a través de motines y asesinatos. Tres años después, en 1776, los recaudadores de impuestos se vieron obligados a recurrir al apoyo de las milicias, y en 1777, se produjo una rebelión en la provincia de Urubamba en la que tomaron parte indígenas, criollos y mestizos. Este es el clima de violencia, explotación y miseria que precede la más importante y trascendental rebelión indígena de América Latina comandada por José Gabriel Condorcanqui Túpac Amaru y Micaela Bastidas. José Gabriel Condorcanqui y Micaela Bastidas. José Gabriel Condorcanqui Túpac Amaru nació el 19 de marzo de 1741, en el pequeño pueblo de Surimana de la provincia de Tinta, Cusco. Descendía en línea directa de Juana Pilcohuaco, esposa de Diego Felipe Condorcanqui, hija de Felipe Túpac Amaru, nieta de Manco Inca y bisnieta del Inca Huayna Cápac. “Señores que fueron de estos reinos”9, como dice el propio José Gabriel. A la muerte de su hermano mayor Clemente, heredó el Cacicazgo de los Túpac Amaru, cuyas tierras se extendían por los pueblos de Pampamarca, Surimana y Tungasuca, en la provincia de Tinta. El 5 de octubre de 1766, como consta en varios documentos de la época, inició una serie de trámites para formalizar dicha posesión10 Pero descender de los últimos soberanos del Imperio Incaico no era una cuestión que se limitaba a hacer válidos los títulos y pertenencias ante la ley de los conquistadores. El Inca, era el hijo del Sol, era hijo de Dios, y su sola presencia causaba una profunda emoción colectiva. Cuenta el historiador inglés Clemente Markham que cuando el último Inca Túpac Amaru, fue ejecutado en 1572 en la Plaza Mayor del Cusco por el Virrey Francisco de Toledo, su cabeza quedó clavada en un palo para que sirviera de escarmiento. En la noche, los españoles contemplaron sorprendidos cómo una multitud de indios de rodillas veneraba a su Inca muerto. De esta adoración y de la esperanza surgió el mito de Incarrí, el hijo del Sol que un día uniría sus miembros enterrados en diferentes lugares y volvería para poner fin a la explotación: “El Inca de los españoles apresó a Inkarrí su igual. No sabemos dónde. Dicen que sólo la cabeza de Inkarrí existe. Desde la cabeza está creciendo hacia dentro; dicen que está creciendo hacia los pies. Entonces volverá, Inkarrí, cuando esté completo su cuerpo. No ha regresado hasta ahora. Ha de volver. Ha de volver a nosotros, si Dios da su asentimiento. Pero no sabemos, dicen, si Dios ha de convenir en que vuelva"11 9 Colección Documental de la Independencia del Perú. La Rebelión de Túpac Amaru. La Rebelión. Lima. Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú. T.II. Volumen 2do. 1971, p.40. 10 Ibídem, p. 47. 11 Francois Bourricaud. El Mito de Inkarrí. Lima. Folklore Americano, CIF, 1975, Vol. IV, p. 179.
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