Voces y cantos de las mujeres

III LAS MUJERES Y LA RECUPERACION DE LA HISTORIA La historia es el registro y la interpretación de los distintos procesos y experiencias que ha vivido la humanidad a través de los siglos. Es, según Foucault1, con sus intensidades, desfallecimientos y grandes agitaciones febriles, el cuerpo mismo del devenir. Pero la historia también es la visión, actividades, pensamientos y manifestaciones de quienes la han escrito; es decir, los hombres, que la impregnaron solo de sus propias experiencias. La tendencia prevaleciente en el estudio de la historia, de restarle importancia a todo aquello que significa el tiempo de corta duración, descalifica directamente como objeto de estudio histórico el ámbito de la vida cotidiana. Por lo tanto, descalifica a las mujeres que han actuado principalmente en ese espacio. No obstante, la vida cotidiana está en el centro del acontecer histórico; incluso un hecho histórico adquiere trascendencia cuando tiene efecto posterior en la cotidianidad. Pero, además, quiénes escribieron la historia no solo borraron a la mujer y al ámbito doméstico, también ignoraron su presencia en la esfera social, cultural, económica y política. Esto le permitió afirmar a Freud que “la anatomía es el destino de la mujer”2, y a James Joyce concluir: “Father´s time, mother´s species”. Nada sorprendente, para Platón el destino de las mujeres era “dar hijos al Estado desde los veinte a los cuarenta años”3. En tanto que Spinoza, expresaba una duda filosófica al inquirir si efectivamente las mujeres estaban sometidas a la ética. En esa perspectiva, si creemos como Platón que todo lo que es ocupa algún espacio y lo que no tiene un lugar no existe4, podríamos deducir que la ausencia de las mujeres en los distintos procesos históricos que han vivido nuestros países revela su inexistencia. Lo cual evidentemente no es cierto, entonces, ¿de qué manera existimos, o cómo nos ha permitido existir la historia oficial?. Ubicada en un espacio reproductor, centrado en ciclos de gestación, y en el cuidado de la casa, el esposo y los hijos, a las mujeres no les perteneció el tiempo. El “tiempo como proyecto, teleología, desarrollo lineal y prospectivo: el tiempo de la partida, del camino y de la llegada, el tiempo de la historia”5. Por consiguiente, la historia tal y como ha sido escrita hasta ahora afirma que el hombre ha sido y es el único constructor de la civilización y de la experiencia humana. Premisa que contradice la opinión de Marx, para quien la historia es una ciencia del tiempo y del espacio sujeta a leyes gobernadas por la realidad económica. Y, esta realidad existió, ciertamente bajo distinto signo, tanto para los hombres como para las mujeres. Pero, 1 Michel Foucault. Nietzsche, la Genealogía, la Historia. Valencia. Ediciones Pre-Textos, 1977, p. 24 2 Resulta entonces lógico que Freud después de treinta años de investigación no supiera que querían las mujeres. 3 Platón. “La República o de lo justo”, en Diálogos. México. Editorial Porrúa, 1969, p. 520. 4 “Timeo o de la naturaleza, en ibídem. p. 688 5 Julia Kristeva. Las nuevas enfermedades del alma. Madrid. Ediciones Cátedra, 1995, p. 198.

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