Voces y cantos de las mujeres

II LA HISTORIA DE LA MUJER: ¿AUSENCIA Y FICCION? Señaló entre todas la más hermosa mujer llamada Mama Wako, lasciva con extremo hizose preñar con ayuda del demonio y el hijo que parió se lo entregó a una hermana suya, eminente hechicera tenida en gran veneración llamada Pilcosisa; criose el muchacho en una cueva llamada Tambo Toco, hasta la edad de cuatro años y publicando entre ambas que dentro de pocos días iba salir al mundo y aparecer en Pacaritambo, lugar junto al Cusco, un infante hermosisimo para que como Rey y absoluto señor fuese obedecido y venerado como hijo del Sol, como Dios Supremo, y este se llamaría Mango Capac Inca. Fray Buenaventura de Salinas y Cordova. Fue Willliam L. Schurz, uno de los primeros en cuestionar la historia oficial al incluir un capítulo dedicado a las mujeres en su libro sobre la civilización en América Latina1. A partir de esa fecha el reconocimiento de un campo histórico femenino ha cobrado legitimidad, a la par que ha surgido una nueva visión de su función social como grupo o en forma individual. Incluso, la creciente importancia que ha cobrado la historia social, se debe, entre otros factores, al estudio de grupos anónimos - como las mujeres -, que a pesar de no haber figurado en la historia oficial constituyen un factor fundamental para una mejor comprensión de los procesos sociales y económicos. Lo cual quiere decir en pocas palabras, que no es posible escribir una verdadera historia social sin tomar en consideración el papel que desempeñaron las mujeres2. Cuando en 1980 decidí iniciar una lectura que me proporcionara respuestas vinculadas a la presencia de la mujer en la historia, que entonces encontraba en muy pocos trabajos de investigación - y que dio lugar a la primera edición de mi libro Mujeres Peruanas. El otro lado de la Historia3 -, supe por experiencia propia el reto que significaba revisar la historia desde una perspectiva totalmente diferente, sin contar para ello con las fuentes necesarias, lo que obligaba a una exhaustiva investigación en la búsqueda del dato que permitiera la reconstrucción. Una reconstrucción que refutara la imagen estereotipada de la pasividad de las mujeres, y que diera paso a su papel como realizadoras, o si se quiere, como personas que actúan y cuyo accionar contribuyó - y contribuye - al desarrollo de la sociedad. La concepción etnocentrista, según la cual el hombre se situó como elemento central y único del desarrollo histórico, impidió una lectura de las diferentes etapas de la historia mucho más compleja que la simplicidad que ofrece la historia oficial. Esta nueva visión proporciona un amplio campo para la investigación, a la vez que permite la reconstrucción de una verdadera historia social, donde aún quedan muchas interrogantes por resolver. En ese sentido, no es exagerado afirmar que estamos frente a una nueva historia con nuevos actores y protagonistas. 1 William L. Schurz. This New World: The Civilization of Latin America. New York. E.P. Dutton, 1945, pp. 276-338. 2 Asunción Lavrin. Las Mujeres Latinoamericanas. Perspectivas Históricas. México. Fondo de Cultura Económica, 1985, p. 43. 3 Sara Beatriz Guardia. Mujeres Peruanas. El otro lado de la Historia. Lima. Imprenta Humboltd, 1985.

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