Veladas literarias de Lima: 1876-1877
454 VELADAS LITERARIAS Una tarde, caminaba, quebrada arriba por la orilla del rio grande, sola, como de costumbre. Despues de haber andado cerca de media legua, -entóse al pié de unos alisos y se puso á mirar correr el agua, cuando de pronto oyó las quenas. Levantó la cabeza, como el cervatillo al dulce balido de la madre, y vió, allá: . bastante lejos, á un hijo del Sol que las tocaba. Signióle atrajda por la música, así como la serpiente en la montaña, encantada por el sonido de una flauta. Y subía, subia la cuesta hasta que juntos se encontraron en la cima de un elevado cerro, imponente por el negro color de su falda, y bello por la corona de nieve que llevaba. Allí üesó el Indio de tocar, y a.l vol ver la cara, como el Sol y la 1una se miraron. Aquellos dos Indios, que jamás se habian conocido, se es- tendi eron los brazos y el cielo vió juntarse sus lábios y rodar dos lágrimas, que á caer sobre la nieve del elevado cerro, la habrían derretido. * ~ * El cielo estaba encapotado; el sol oculto; los dos Indios estrechados permanecían sin decirse ni una palabra. Se rasgó de pronto una nube; estremeciéronse las monta- ñas sobre sus bases; cruzáronse los rayos; iluminaron los re- lámpagos el sombrío horizonte; un espantoso trueno recorrió los espacios; y se desató la tempestad. * * '*' Cuando ésta hubo cesado, quien hubiera podido llegar al ·sitio donde los Indios se encontraban, tan solo habría hallado un monton de cenizas formadas por el rayo, y sobre ellas los manojo::; de flores, que Sanco tanto tiempo había llevado sobre el seno. * * *
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