Veladas literarias de Lima: 1876-1877
ABELARDO M. GAMARRA 453 ocultándosE> entre algunos cercanos matorrales, de donde se dejaron escuchar las últimas notas de las quenas, paree idas :i)_ canto d~ Oa.s cuculies al decllnar la tarde. Llena de curiosidad la india, se acercó á una gran piedra, tras la que parecía haberse hallado el músico y sobre eln fln- contró nn pequeño manojo de flores, mas fragantes que el jazmin del cabo y el clavel, flores que colocó sobre su seno. * * * De este dia todas las noches en que la luna solía brillar mas, los acentos de las quenas no faltaron, y la noble india, llena de emocion, los escuchaba con silencioso recogimiento. Mas ele una vez quiso sorprender al misterioso músico: pero nunca pudo encontrarle y solo hallaba una florecita como las del primer manojo, que amorosa guardaba. * * * Así pasaron muchos meses y la noble india amaba ya al cantor; soñaba en él y la noche en que no escuchaba un ya- raví, no podía dormir, no podía llorar, y decíamos no podía llorar, porque semejante al cielo de la sierra, su corazon jamás se serenaba, sin antes haber derramado algunas lágrimas. * * * Pasó un dia; otro dia; otro y otro y las quenas no se deja- ban escuchar. Sonco amaba, Sonco se hallaba triste, padecia y sentada á la orilla de los riachuelos, vagando de quebrada en quebrada, vi via contando su amargura durante el dia y en la noche llo- rándola sentada á la luz de la luna, sobre la blanca piedra, semejante á la estátua del dolor. ¡Pobre Sonco!
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