Veladas literarias de Lima: 1876-1877

390 VELADAS LITERARIAS t"'aje de raso carmesí, echóle al cuel l o el collar de perlas, y engarzó en sus 01·ejas las arracadas de piedras preciosas. Así adornado, sentó el cadáver en un sillon cerc a de la mesa, preparó dos tazas de yerba del Paraguay, y se puso á toma mate. Despues tomó su quena, ese instrumento misterioso al que mi amigo el poeta Manuel Castillo llamaba Flauta sublime de una voz extraña Que llena el corazon de amarga pena, lo colocó dentro de un cántaro y la hizo producir sonidos lúgubres, verdaderos écos de una angustia sin nombre é infi- nita. Luego, acompañado de esas armonías indefinibles~ so- lemnemente tristes, improvisó el yaraví que el pueblo del Cuzco conoce con el nombre de Manchay-Puito ( Infierno aterrador). Hé aquí dos de sus estrofas, que traducimos del quichua, sin alcanzar, por supuesto, á darlas el sentimiento que las presta la índole de aquella lengua, en la que el poeta ó hura- m:cu desconoce la música del consonante ó asonante, hallando la armonía en solo el enfonismo de las palabraa. Ábreme, infierno, tus puertas para sepultar mi espíritu en tus cavernas: Aborrezco la existencia, sin la q ne er-:t la delicia ay! de mi vida. Sin mi dulce compañera, mil serpientes me devoran las entrañas. No es Dios bueno el Dios que manda al corazon estas penas ay! del infierno. El resto del Manchay-Puito hampuy nihauy contiene ver- sos nacidos de una alma desesperada hasta la impiedad, ver-

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