Veladas literarias de Lima: 1876-1877

RICARDO PALMA 389 El doctor Angulo entró en Arequipa con ventura, porq e todo fué para él llegar y besar. En un par de dias terminó sm gran fatiga el asunto y despues de emplear algun dinerillo en arracadas de brillantes, gargantilla de perlas, vestidos y otras frioleras para emperegilar 1i su sultana, enfrenó 1 mula, calzóse espuelas y volvió grupas camino de Yanaquihua. Iba nnestro enamorado tragándose leguas y hallábase ya dos jornadas éi.istante del curato, cuando le salió al encuentro un indio y pu 30 en sus manos este lacónico billete: -Ven! El cielo ó el infierno quieren separarnos. Mi alma está triste y mi cuerpo desfallece. Me muero! Ven amado mio. Tengo sed de un último beso.- II Al otro dia, á la puesta del sol, se apeaba el doctor Angulo en el patio de la casa parroquial, gritando como un frenético: -Ana! Ana mia!- Pero Dios hal>ia dispuesto que el infeliz no escuchase la voz de la muger amada! Hacia pocas horas que el cadáver de Ana habia sido sepul- tado en la iglesia. Don Gaspar Sll dejó caer sobre una silla y se entregó á un dolor mudo. Nd exhaló una imprecacion; ni una lágrima se desprendió de sus ojos. Esos dolores silenciosos son insondables como el abismo. Parecia que su sensibilidad habia muerto, y que Ana se habia llevado su alma. Pero cerrada la noche, y cuando todo el pueblo Pstaba en- tregado al repof:o, abrió una pnertecilla que comunicaba con la sacristia del templo, penetró en él con una linterna en la mano, tomó un azadon, dirigióse á la fosa y removió la tierra. Profanacion! El cadáver de Ana quedó en breve sobre la superficie, don G aspar lo cogió entre sus brazos, le llevó á su cuarto, lo cubrió de besos, rasgó la mortaja, lo vistió con un

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