Veladas literarias de Lima: 1876-1877
388 VEL.4.D.4.S LITERAR TAS empezó á desatender el rebaño y los libros allí se estaban sin abrir y cubiertos de polvo y telarañas. Decididamente el cuerpo le pedia jarana ..... y ¡vamos! no todo l(_a de ser rigor. Algnna vez se le ha de dar gusto al p(Jbrecito sin que raye en vicioso, Que ni un dedo hace mano, Ni una golondrina verano. Y es el caso que como amor busca correspondencia, y el platonicismo es manjar de poetas melenudos y de mucha- chas desmelenadas, el doctor Angulo no se anduvo con mu - chos dibujos y fuése á Anita y la cantó de firme la letanía de Cupido. Y tengo para mí que la tal letania debió llegarle al pericardio del corazon y á las entretelas del alma, porque la muchacha abandonó una noche el hogar materno y fuése á hacer las delicias de la casa parroquial, con no poca murmu- racion de las comadres del pueblo. Medio año llevaban ya los amantes de arrullos amorosos, cuando el doctor Angulo recibió una mañana carta en que se exigía su presencia en Arequipa, para realizar la venta de un fundo que esta ciudad poseia. Fiarse de apoderados era, amen de pérdidas de tiempo y de tener que soportar embustes, so- caliñas y trabacuentas, á esponerse á no recibir ni un enarto, nuestro cura se dijo: Al agua patos, No se coman el grano los gurrupatos. La despedida fué de lo mas romántica que cabe. No se habria dicho sino que el señor cura iba de viaje al fabuloso pais la Canela. Dos semanas era el tiempo mayor que debia durar la au- sencia. Hubo llanto y soponcio y ..•• qué se yo. Allá lo sabrán los que alguna vez ~e han despedido de una querida.
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