Veladas literarias de Lima: 1876-1877
' · BENIClO ALAJJ10S GONZALEZ 36'1 debe reclamar ese dE-recho, para que se vea que acepta l~ o tart>a que se le impone. o IV OBJECIONES Quizá algun pnblicista nos diga: -Todo está mui bien. Es justo que se eduque a la mujer tanto como al hombre. Es conveniente que se utilizen por completo las facultades inte.. lectuales del uno i de la otra. Pero si a la mujer se la ocupa. en ilustrar al mundo, es probáble que descuide sus deberes maternales. Tal vez algun fisiólogo agregue:-Si la mujer piensa dema- siado perderá su sensibilidad i ese jérmen de cultivo, dP. pro .. greso, de perfeccion, se habrá estinguido en todo o en parte, -El amor es una atraccion que está sujeta a la misma lei que las otras atracciones: a la lei de los polos positivos i ne- gativos. La muje.r es un polo negativo de delicadeza que atrae al polo positivo de la fuerza masculina. El hombre es un polo negativo de razonamiento que atrae al polo positivo de la sensibilidad femenina. Si a la mujer se la hace tan razo- nadora como al hombre, los dos serán polos negativos, i lit atraccion amorosa no podrá tener lugar. Bien puede ser que algun teólogo se sobresalte, i nos diga: -Cuidado con la instruccion superior! La ciencia es el árbol del bien i del mal. La luz no solo alumbra, tambien quema. Si la ilustracion puede elevar la intelijencia, tambien puede hacer brotar el j8rmen de la duda. Es indudable que en esas observaciones hai algo de cierto. Nada es perfecto. El error casi siempre tiene una parte de verdad, o, mas bien, el error es una verdad incompleta o mal apreciada, como ha dicho alguien. Pero nadie puede desconocer que en esos argumentos hai mucho de sofístico i poco de real. El temor de que la madre descuide al hijo por la literatura i por la cienria, es un ahsurdo. La madre será siempre ma-
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