Veladas literarias de Lima: 1876-1877
360 VELADAS LJTERARJAS nor de su marido;-la hij~ tierna i cariñosa con su padre, e merecen mas respeto, mas amor, mas ternura, al hijo, al es- poso, al padre. La verdad es que ha habido descuido, neglijen cia si se quiere. La verdad es que el hombre no se ha preocupado bastafi te de la enseñanza super ior de la rnujer: porque jamas se ha detenido a calcular minuciosa i detalladamente la im- portancia que ese elemento podria tener en los d estinos hu- manos. La verdad es tambien que las mismas interesad as nunca han mostrado empeño en reclamar sus derechos. Temiendo siempre por su honor i por su virtud se han alejado ordinariamente del mundo terrestre; h an pensado mas bien en la vida futura i han entregado su espíritu al misticismo. Jamas han pensado que podian influir en los des tinos hu- manos. Ni aun han mostrado simpatía por los que han pedido el q ne se les reconociese ese derecho. Los trabajos de J enofon - te, San Jerónimo, Fleury, Fenelon, Rous5eau, Bernardino de S. Pierre, madame Bernier, madame R emu sat, mada- me Guissot, madame de Beaumont, la condesa de Agorilt, Julia Lambert, Stuart Mill, i muchos otros sobr e la educa:.. ci.on de la mujer, nunca han sido populares entr e ellas. La academia francesa premió, a su aparicion, l a obra de Aimé Martin, sobre la Educacion de las Madres de familia, o sea la civilizacion del linaje humano por medio de las mu- jeres;-i sin embargo, ninguna mujer se ha a presurado a realizar ertas ideas i tendencias. Ha bastado que A imé Martin fuese un fi.Jósofo racionalista, para que el bello sexo mirara con prevencion una. obra que les muestra tantas si mpatías. En conclusion, reconozcamos que ha habido inju sticia de parte de los hombres; pero convengamos tambien en que ha habido neglijencia de parte de la muj er. Recono zcamos que hai j'usticia en que se le eduque; pero convengam os que ella
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