Veladas literarias de Lima: 1876-1877
;~36 VELADAS LITERARIAS Al poner la venda sobre los ojos de Gonzalo, éste le di:jo: -No es menester. Déjala, que estoy acostumbrado á ver la muerte de cerca. e -Complazco á vueseñoría-le contestó el verdugo-que yo siell(.pre gusté de la gente brava.- Y, á tiempo que desenvainaba el alfange, le dijo Pizarro: -Has bien tu oficio, hermano Juan. -Yo se lo prometo á vneseñoría,-contestó Enriquez. Y diciendo esto, añade Garcilazo, con la mano ig<Iuierda le alzó la barba, que la tenia crecida de un palmo, segun era la moda, y de revés le cortó la cabeza, con tanta facilidad como si fuera una hoja de lechuga, y se quedó con ella en la mano enseñándola á los circunstantes. Cuentan que cuando fué á ajusticiar á Carbajal, éste le dijo: -Hermano Juan, pues somos del oficio, -trátame como de sastre á sasti-e. -Descuide vuesamerced y fie en mi habilidad, que no he de darle causa de queja para cuando nos véamos en el otro mundo.- Fué Juan Enriquez quien., por órden del Presidente La Gasea, le sacó la lengua por el colodrillo á Gonzalo de los Nidos, el Maldiciente, y al ver lo trabajoso ele la bárbara operacion, exclamó: _ -Pues habia sido obra desarmar á un escorpion!- Es tradicional tambien que, siempre que Jnan Enriquez hacia justicia, se quedaba gran rato contemplando con me- lancolía el cadáver; pero luego, como avergonzado de su debi- lidad, se dibujaba en su boca la fatídica sonrisa que le era habitual y se ponia á canturrear: Ay abuelo! Ay abuelo! Sembrasteis alazor y naciónos anapelo
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