Veladas literarias de Lima: 1876-1877

3.l4 VELADAS LJTERARIAS e y pocos minutos tlespues, la misma gnarnicion gritaba: -Centeno! y ¡viva el rey! La bandera de Centeno lucia, ademas de las arrpas reales, este mote en letras de oro Aunque mucho se combata, Al fin se defiende é mata. A los primeros el is paros, Pedro de Mal donado (á quien se conocia con el sobrenombre de Gigante, por ser el hombre mas corpulento que hasta entonces se viera en el Perú) gnar- dóse en el pecho el libro de Horas en que estaba rezando, y armado de nna pica salió á tomar parte en el bochinche. Densa era la oscuridad, y el Gigante sin distinguir amigo de enemigo, se lanzó sobre el primer bulto que al alcance de la pica le vh10. Encontróse con Diego Centeno y, como Pedro Maldonatlo, mas que por el rey, se batia por el gusto de batir- se, arremetió sobre el caudillo con tanta bravura que, aunque ligeramente, lo hirió en la mano izquierda y en el muslo, y tal vez habria dado cuent,a de él si 81 recien alistado en aquel dia, no disparara su arcabuz, con tan buen acierto, que vino al suelo el Gigante. En este asalto ó combate hubo mucho ruido y poca sangre; pues no corrió otra qne la de Centeno que, como hemos dicho, la guarnicion apenas si aparentó resistencia. Ni aun Maldo- nado el Gigante sacó rasguño, porque la pelota del arcabuz dió en el libro de Horas, atravesando el forro de pergamino y cuarenta páginas, suceso que se calificó de milagro patente y dió mucho que hablará la gente devota. Despues ,de tan fácil victoria, que fué como el gazpacho del tio Damian, mucho caldo y poco pan, llamó Centeno al soldado que le librara la vida y díjole: -Como te llamas valiente? -Nombre tnve en ICspaña; pero en Indi<JS llámanme Juan Enriquez, para servir á vueseñoria. -Hacerte merced quiero, que de agradecido pr8cio.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx