Veladas literarias de Lima: 1876-1877
JUANA M. GORRJTI 309 niño creíalos sus padres y durante treinta años diól es este'J dulce nombre. No 4§ mucho el anciano capataz moria abrumado por la edad en los brazos de aquel que lo llamaba padre. -Pablo-dijo el moribundo sintiendo acercarse 1 pos- trera hora-mi deber y tu propio interés me obligan á reve- larte un secreto doloroso para tí y para mí. Ten ánim o y es- cúchalo-Yo no soy tu padre. Fuélo un hombre acau dalado. pero inícuo y sin corazon, cuyos inmensos bienes á su muerte sll.bita se repartieron sus hijos. -Aquí refirióle la triste historia de la esclava y añad ió: -Tú fniste el desheredado; pero Dios no permite que tales iniquidades se consumen sin grandes castigos ó grande s repa- ciones .... Cuando fa infeliz madre aguardando la hora de su fuga, espiaba, pegados los ojos á la cerradura de la puerta el mo- mento en que su tirano se entregara al sueño, vióle d estorni- llar la columna de su lecho, que representaba cuatro figuras de madera, y las rellenó de oro vaciando en ellas su ar ca. La esclava no vió mas, y huyó, llevando consigo el se creto de aquel tesoro. Despues de su muerte, acaecida pocas horas despue s que me hubo referido su lastimosa historia, temiendo la fragili- dad de la memoria, consigné por escrito este hecho en un papel que guardé en el escapulario, esta reliquia qu e llevo siempre conmigo. Héla aquí: consérvala en memori a mia, y has uso para tomar tu herencia, del itinerario que enci~rra- Pocos momentos despues, el viejo capataz espiró e n los brazos de su hijo adoptivo, que lo lloró con lágrimas filiales. 1 Cuando hubo cerrado sus ojos y sepultado su cue rpo al Jado de la esposa qne lo aguardaba en el cementerio, el hijo de la esclava, solo ya en la tierra, cerró la morada ho spitala- ria que albergara su infancia y vino á esta comarca d escono- cida ; para~ él, á cumplir una mision mas sagrada todavia. Llegó al sitio fatal donde la madre p~reció y el niño ca·
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx