Veladas literarias de Lima: 1876-1877
sos VELADAS LITERARIAS Dióselo aquel buen hombre, compadecido ele la desgra- ciada madre, y la ocultó con su niño en el fondo de una carreta, de donde quitado un cajon dejaron un es_p:'.cio con aire y luz, provenientes de la claraboya practicada siempre en la \iestera de los carros. Y pasaron las horas y la desdichada creíase ya libre, y lloraba de gozo sobre la frente de su hijo, que dormia, pegada la boca en su seno. Pero la tropa llegó al desfiladero de Carnaceras, ese paso estrecho que cor1·e entre una barranca y un despeñadero. La tropa lo pasó sin dificultad; pero uno de los bueyes que conducían la última, aquella en que iba oculta la esclava, aguijoneado con demasiada viveze1. por el conductor, cejó ele un lado, arrastró consigo á los otros y precipitó la carreta en el fondo del barranco. -Dios mio, Señor-exclamé llorando-y los pobres fugi- tivos? ..•. -La madre, sintiendo caer sobre ellos todo el cargamento de la carreta, en la esperanza de salvar á su hijo, lo arrojó por la claraboya, y ella pereció bajo el peso de veinte gran- eles cajas llenas de efectos, que amontonándose sobre su cuer- po, lo mutilaron. -Y el pobrecito niño? -Cayó sobre el camino sin hacerse gran daño. El capataz, dolido de sn orfandad, llevólo consigo despnes que hubo enterrado á la maure cerca del si tío de la catástrofe. -Aquella tumba q ne se di visa de lo alto del camino ..•. -Es la suya. Tumba ignorada que no escuchó jamás una plegaria, y donde sepnltóse con la pobre esclava, la historia ch~ sus clesventuras- Largo silencio signió á esta triste narracion. Oyóse un pro- fnndo suspiro y la voz prosiguió: -El capataz llevó al niño á Tncuman, y lo entregó á su esposa, piadosa muger, que acabó ele criarlo á sus propios pechos, y así como su marido lo amó como á nn hijo. El
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