Veladas literarias de Lima: 1876-1877
JUANA M. GORR/1! 307 criar este animalito. Mañana la muger del puestero llevará J á tu hijo para que tú pnedas consagrarte á tus debflres de nodriza Un relámpago sombrío fulguró en los ojos de la esclava, que miró á su amo! y no respondió. El tomó aquel silencio por una rendida sumision á su vo- luntad, y entrAgándole el tigre retiróse muy contento de arre·- batar á aquel pobre niño, hijo suyo, el alimento y los cnida- dados maternales. Al mediar de aquella noche, cuando todo dormia en Ebron, y qne el silencio reinaba en torno, la puerta de la casa abierta por una mano cautelosa, dió salida á una muger qne llevando entre los brazos un niño dormido, se alejó con paso rápido y despareció en las sinuosidades de la cañada. Era la pobre madre que huía de su tirano- La voz que hablaba tornábase de mas en mas sombría. Yo la escnchaba aterrada, adivinando las peri peci~s de un horrible drama. -La pobre fugitiva-continuó el invisible narrador-cami:. nó largo tiempo sin detenerse, insensible al cansancio y á 10s terrores de la noche. Un solo sentimiento la preocupaba y aguijoneaba sus pasos como la lanza de un enemigo: el temor de vol ver otra vez al poder de su amo. · Hácia el amanecer, y cuando abrumada de fatiga, buscaba con la vista algun hueco de peña ó un matorral donde aga- zaparse y descansar, el lejano chirrido de una tropa de carre- tas llegó á su oído, y la advirtió qne el cami no real no estaba lejos. La infeliz cobró ánimo ~' se dirigió hácia el lado de donde el rui1lo venía. En efecto, poco despues di visó la tropa que, cargada de efectos de ultramar, dirigíase á Salta. La fugitiva fué á caerá los piés del capataz; le refirió sus infortnnios, y le pidió por el amor de Dios qne la amparase clánrlole un asilo.
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