Veladas literarias de Lima: 1876-1877
e 306 VELADAS LITERARIAS sinceridad que caracterizaba su fisonomía, uno y otro quizá., desterraron de mi ánimo todo temor. Indiquéle un asiento cerca de la cama y me · reparé á escucharlo. III LAS MISERIAS DE UNA MADRE. -El antiguo propietario de estas tierras-comenzó él des- pnes que hubo cerrado la ventana, y para mayor precaucion apagado la luz-era un hombre rico, pero avaro y perverso .•. -Permítame usted decirle-interrumpí-que ese hombre de quien habla, fué mi abuelo, y que me es doloroso oírle á usted maltratar su memoria. -Cuando me haya usted escuchado hasta el fin, juzgará si me excedo en esos calificati vos-respondió mi interlocutor con sereno acento, y prosiguió. -Aquel hombre tenia cinco hijos, séres desver.1.tnrados, que nunca recibieron una caricia ni oyeron una palabra de bene- volencia. El no los amaba, porque el ánsia de allegar rique- zas, ocupaba solo su corazon. Un dia, sinembargo, una fantasía de tirano cruzó su mente. Entre veinte esclavas, que látigo en mano hacia él trabajar en rudas labores, una jóven negra fijó su atencion. Amábale, con amor correspondido, un mancebo esclavo co- mo ella. Pero, qué importaba? El fué vendido y ella llevada al tálamo del dueño. Un año despues, Maria enjugaba sus lágrimas en los paña- les de su hijo. Pero el amo aborrecia al niño porque se parecía á él; y la pohre madre temblaba por la vicia de la pobre criatura, que no osaba apartar de sus brazos. En una cacería de fieras el amo cogió un cachorro de tigre, que trajo consigo á la casa. -Maria-dijo á la madre, que, acabadas las faenas del dia, clal)<l el µecho á su hijo-desde hoy (lestetas á ese chico para
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