Veladas literarias de Lima: 1876-1877
JUANA M. GORRITI 305 Usted va á dormir esta noche en su cuarto y verá las seña- les de aquellas vanas investigaciones.- En efe:cto, los ladrillos del pavimento rotos y los hundi- mientos que en él habia por todas partes, indicaban las esca- vaciones practicadas en busca del codiciado tesoro. Habíame arreglado el antiguo lecho, enorme monumento de cedro, con cariátides esculpidas en los cuatro ángulos, figuras feísimas que me quitaron el sueño y me obligaron al fin á apagar, por no verlas, la bngía que me alumbraba. Comenz~ba á adormecerme cuando me desveló un ruido ténue que parecia venir de una ventana que el calor me obligó á dejar entreabierta; como ésta daba al campo, creí que aquel ruido seria uno de los infinitos rumores de la noche. Derepente sentí caer un objeto que sonó en el suelo y casi al mismo tiempo la ventana se abrió y un hombre penetró en el cuarto. Quise saltar de la cama, gritar, pero el temor habia parali- zado mis miembros y ahogado la voz en mi garganta. Quedéme inmóvil, muda, yerta de espanto, cerrando los ojos y aguardando cuando menos una puñalada. En vez de esto oí sonar un fósforo. Cuál seria mi asombro cuando al abrir de nuevo los ojos, encontró delante de mí al viajero que dejáramos dando agua á su caballo en las barrancas de Camaceras. No fué menor su sorpresa al encontrarse conmigo; pero re- poniénclose luego, encendió la bugía y vol viéndose á mí: -Ruego á usted, señora-me dijo-que se tranquilice. Mi intencion al introducirme en este enarto, está muy lejos de ser hostil para usted, ni para nadie. Vengo solamente ha- ciendo uso de un legítimo derecho á tomar· lo que me perte- nece. Y para q ne rn~ted se persuada de ello y no me juzgue un ladron, dígnese escuchar la historia que voy á referirle.- No sé si la suave voz de aquel hombre ó la espresion de 20
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