Veladas literarias de Lima: 1876-1877

JUANA M. GORRITI 269 "') era decidirse y optar entre Chile y el árido país qne ante mí se estendia en rojas estepas de arena, hasta una inmensidad infinita. J._;a eleccion no era dudosa: ahí estaba Chile con sus verdes riberas, su puro cielo y su clima de notoria salubri- dad ....... . Pero ah! mas allá de ese desierto que desplegaba á mi vista sus monótonas ondulaciones, lejos, y hácia las regiones de la aurora, existe un sitio cuyo recuerdo ocupó siempre :1a mejor parte de mi corazon. En él pasaron para mí esos pri- meros dias de la. vida en que están frescas todavia las remi- niscencias del cielo. A él volví el pensamiento en todas las penalidades que me deparó el destino y su encantado miraje, ha sido el asilo de mi alma. Vamos allá! V UNA CIUDAD ENCANTADA. Mientras apoyada en la borda hacia yo estas reflexiones, el vapor habla echado el ancla en el puerto de Cobija. U na multitud de botes circulaban en torno y la yola de la pre- fectura atracada á la escalera, habia conducido á varias caba- lleros, entre los cuales debia hallarse el Prefecto. No me engañé al señalarlo en un jóven apuesto, de simpá- tica fisonomia y modales esquisitos que aun antes de acer- carse al Capitan saludó á las señoras y les ofreció sus servicios con una franqueza llena de gracia. Vino há.cia mí y viéndo- me sola, ocupada en hacer yo misma los preparativos para .ir á tierra, me pidió le permitiese ser mi acompañante, y aceptara la hospitalidad en su casa, donde seria recibida por su hermana, que, añadió con galante cortesía, estaría muy contenta de tener en su destierro tan amable compañera. Y asiendo de mi maJeta, sin querer por un refinamiento de delicadeza dar este encargo á su Ayudante que lo recla- maba, dióme el brazo y me llevó á tierra.

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