Veladas literarias de Lima: 1876-1877
e 268 VELADAS LITERARIAS gracias por la idea salvadora que á él y á mí, nos arrebata á la muerte. Comienzo á creer que llegaré á vieja, amabla d ctor, pero no tema usted que guarde en mi equipaje los frívolos velos de ct¿ll ilusion» ni otras prendas que el denario y las venera- bles tocas de una dueña». Al partir de e3e dia no pensé mas en mi enfermedad; y me entregué enteramente al placer de vivir. Qué grata es la existencia pasado un peligro de muerte! El aire, la luz, las nubes que cruzaban el cielo, los lejanos horizontes, todo me aparecía resplandeciente ele belleza y saturado de poesía. Desembarcaba en todos los puertos aspirando con delicia los perfumes de la tierra, el aroma de las plantas, el aliento de los rebaños, el humo resinoso de los hogares. Todo lo que veía parecía maravilloso y yo misma me creía un milagro. En Islay y Arica completé mi equipaje de viajero en todo rigor. Un bornoz, un sombrero, fresquísima ropa blanca, una maleta para guardarla y un libro de notas. A esto añadí nn frasco de florida de Lamman y otro de colonia de Atkinson, porque sin los perfumes no puedo vivir. Qué contenta arreglaba yo todos estos detalles de mi nueva existencia! De vez en cuando, llevaba la mano al corazon y me preguntaba, qué había sido de ese dolor del alma que ocasionó mi enfermedad. Dormía ó habia muerto; pero no me hacia sufrir. Ah! él me esperaba despues en una cruel emboscacla ! Hasta entonces aturdida por el torbellino de sensaciones diversas que en mí se sucedían, no me había detenido á pen- sar hácia dónde dirigiría mis pasos. Dejábame llevar sur- cando las olas como la gavjota de que hablaba el doctor, sin saber á dónde iba, y así habían pasado seis dias. Nos hallá- bamos en frente de Cobija y próximos á entrar en su puerto. Era, pues, tiempo de tomar una resolucion, que yo aplazaba, con la muelle pereza de un convaleciente. Mas ahora fuerza
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