Veladas literarias de Lima: 1876-1877
JUANA M. GORRJ'l'I 267 dios ordenados para mí por el médico, solo usé con perseve- rancia de una fuerte infusion de cascarilla. Parecíwie increible lo mismo que estaba sintiendo y pas1) largas horas de afanosa espectativa temiendo ver llegar los primeros síntomas de aquel malestar. Pero cuando me hube convencido de que me hallaba libre de él, entreguéme á una loca alegria. Rompí el método del doctor y comí, bebí, corrí, toqné el piano, canté, y bailé: todo esto con el anhelo ar- diente de1 cautivo que sale de una larga prision. Parecíame que cada uno de estos ruidosos actos de la vida, era una pa- tente de salud; y olvidaba del todo la fiebre, la tos y los sudores, esos siniestros huéspedes ele mi pobre cuei·po. IV i CUÁN BELLO ES VIVIR! Sin embargo ¡fenómeno capaz de dar al traste con las teorias del <.loctor y de todos los médicos del mundo! aq ne- llos desmanes, bastante cada uno de ellos para matarme, parecían hacer en mi un efecto del todo contrario. Por de pronto me volvieron el apetito y el sueño; y cuando al si- guiente dia delante dP Pisco, hube chupado el jugo de media docena de naranjas, sentí en mis venas tan suave frescor, que fuí á pedir al médico de abordo recontara los cien latidos que la víspera había encontrado á mi pulso. Hízolo y los halló reducidos á sesenta. El principal agente de mi mal, la fiebre, me habia dejado. Ese élia escribí á Lima dos cartas. La una llevaba al cora- zon maternal gratas nuevas. «Querido clocton decia la otra: Este cuerpecito de me- rengue, lejos ele deshacerse, se fortalece cada hora mas. Cuánto agradezco á usted el haberme dado el itinerario de aquel jóven nómada que dejó sus dolencias en las zarzas del camino! Espero encontrarlo por ahí y darle un millon de
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