Veladas literarias de Lima: 1876-1877
o 266 VELADAS LITERARIAS Pero yo habia resuelto cerrar los ojos á. todo peligro; y asiendo mi valor á dos manos, puse el pié en la húmAda esca- lera del vapor, rehusé el brazo que galantemente me ofrecia un oficial de marina y subí cnal habia de camin~r en ade- lante¿ sola y sin apoyo. Como mi equipaje se reducia, cual tú dices, á mi velo y mi abanico, nada tenia que hacer sino era contemplar la actividad egoista con que cada uno preparaba su propio bien- estar durante la travesía. Sentada en un taburete, con lor.; ojos fijos en las arboledas que me ocnltaban Lima, y la mente en las regiones fantásti- cas del porvenir, me abismé en un mundo de pensamientos que en vano procuraba tornar color de rosa. Allá, tras de esas verdes enramadas que parecen anidar la dicha, está ahora mi madre hundida en el dolor, y yo que la abandono para ir en busca de la salud entre los azares de una larga peregrinacion, en castigo de mi temeridad, voy, quizá, á encontrar la muerte! Absorta en mis reflexiones, no advertia que el verde oasis donde estaban fijos mis ojos, se alejaba cada vez mas, oscure- ciéndose con las brumas indecisas de la distancia. Un rumor confuso de lamentos, imprecaciones y gritos de angustia, desvaneció mi preocupacion. Era la voz del mareo. A quien no conoce los crueles trances de esa enfermedad tan comun y tan extraña, no habria palabras con qué pintar- les el cuadro que entónces se ofreció á mi vista. Diríase que todos los pasageros estaban envenenados, la imágen de la muerte estaba impresa en todos los semblantes y las ruidosas náuseas simulaban bascas de agonia. Impresionada por los horribles sufrimientos que presen- ciaba, no pensé en mí misma y solo deE?pues de algunas horas noté que entre tantos mareados, únicamente yo estaba en pié. Qué causa misteriosa me habia preservado? Dándome á pensar en ello, recordé que de todos los reme-
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