Veladas literarias de Lima: 1876-1877
JUANA M. GORR1Tl 265 Estas palabras me hicie·ron ave'rgonzar de mi cobarde pos- '"") tracion. Pues cw-e éste ha vencido el mal por la esperanza del pla- cer, por qué no lo venceré yo en busca del mayor bien de los bienes: la salud? Dije, y enderezándome con denuedo, sacudí la cabeza para arrojar los postreros restos de abatimiento, abrí el cristal y aspiré con ansia. la brisa pura de la tarde. Aquella fué mi última debilidad. Al llegar al Callao bajé del tren con pié seguro; y fortale- cido el corazon con el pensamiento mi.smo de mi soledad, me interné fuerte y serena en Jas bulliciosas calles del puerto. ,..rú estarás quizá pensando que, como las doncellas menes- termms del tiempo de la caballería, me echaba yo á viajar con la escarcela desierta? -En efecto~ estábame preguntando cómo se compondria aquella princesa errante para atravesar el mundo, en este siglo del oro, sin otro viático que su velo y su abanico. -Pues, sabe para tu edificacion, que yo he tenido siempre el gusto de las alcancias. Rabia guardado una que tenia ya un peso enorme, como que contaba nada menos que tres años y se componia solo de monedas de oro. Para librarla de las tentaciones del lujo, habíala confiado á mi tio S., antiguo fiel de la aduana. A ella recurrí y encontré en su seno una fuerte suma que tranquilizó mi espíritu bastante inquieto, por ese accesorio prosaico, aunque vitalmente necesario de la existencia. -En tanto que me embarcaba-continuó Laura en las altas horas <le la siguiente noche-y mientras el bote que me conducia abordo, surcaba las aguas de la bahia iba yo pen- sando, no sin recelo, en ese mal incalificable, terror de los navegantes: el mareo. Habíalo sufrido con síntomas alar- mantes caantas veces me embarqué, aun en las condiciones de una perfecta salud. ¿Cuál se presentaria ahora en la de- plorable situacion en que me hallaba?
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