Veladas literarias de Lima: 1876-1877
PASTO}{ S. OBLIGADO 249 8 Por fin el campanillero, el muchachito de la campanilla de plata, los perreros de larga capa roja, el maestro de cere- monias alJneando á todos, sin ninguna ...• ceremonia. Iban en varias andas di versos Santos de las cofradías de los negros, de los pardos, de los mulatos, de los indios.y de _los blancos, y la rivalidad de lujo que babia en el adorno de cada hermandad, se reasumia en la mnlatita del zahumador, de cuyo cuello y orejas pendia su amita las mejores joyas, para que la esclavita de la Vireina no apareciera con mas brillantes. En aquellos tiempos, tan distantes de estos de igualdad, parece no babia un solo Dios; reconociéndose uno para cada raza, inventándose hasta Santos negros como San Benito. A las andas de nuestra Señora de los negros seguia una tropa de negros mandingas, caricaturando ridículos persona- jes, entre ellos el jigante y el papa-huevos, representado el primero, por estátua colosal vestida de muger, llevada por un negro, y el enano, niño, con gran máscara. con cuernos, mas grande que su cuerpo, bajo el'<mal se veian salir las pequeñas piernas. En pos de estas largas dobles filas, cual ángeles vestidos de albas túnica~, venian las vírgenes ele Lima, doncellas de las principales familias arrojando rosas á María, cuya imá- gen, como la del Señor del Milagro, era conducida por los principales personajes de la Corte. Entre ambas andas, descubríase en la multitud grupo que, pol." su humilde y místico recogimiento llamaba la atencion. Este que no alcanzó á ser grupo históricc, sí llegó á ser grupo divino. Al Arzobispo Toribio, precedido por un fraile descalzo, seguíale humilde sierva del Señor. Esta pobre vecina de la casita de en frente, llamáronla despues Santa Rosa, patrona de la América. El misionero, · despues de abrir muchos espíritus á la luz, en los desiertos del nuevo mundo, educando los indios á son de violin, re-
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