Veladas literarias de Lima: 1876-1877

o 186 VELADAS LITERA.RIA.S Aunque usted no me conoce, padre mio, yo crecí oyendo de su boca la palabra de Dios allá en mi pueblo natal, del que era usted cura. De manos de usted recibí ROr vez pri- mera la Santa Eucaristia, un dia que siendo mu f niña aun, arr~atada de fervorosa uncion, habíame acercado á la sa- grada mesa y juntas las manos esperaba el augusto momento. Usted fijó los ojos E>n mí y elevando Ja hostia-Niña-me dijo-¿sabes lo que este divino misterio encierra? -El cuerpo de J esncristo-respondí yo entreabriendo mis lábios. -Recíbelo!-articuló usted con profunda emocion. Y mostrando á la venturosa niña, dijo á los fieles que lle- naban el templo: «Si no os haceis como uno de estos no entrareis al reino de los cielos». La moribunda vió en mis lágrimas que la habia reco- nocido. -Oh! padre mio!--exclamó-¡qué diferencia entre ese án- gel y la pecadora que os habla! -Hija mia-repliqué procurando dominar mi enterneci- miento-Aquel qne así habló un dia respecto á la inocencia, dijo tambien que el arrepentimierito era igualmente agrada- hle á Dios y su bia cual olor de suavidad hasta su trono divino. En el demacrado semblante de la enferma brilló un rayo de gozo. -Oh! padre mio, ya es un signo de perdon el haberos enviado cerca de mí- y buscando de bajo de su almohada un pli.ego sellado. -Tomad, padre mio-me dijo, alargándomelo con mano defallecida-este es mi testamento. Ruégoos que seais su ejecutor. He dividido mis bienes en tres porciones: Dad una á los pobres; una á esta buena negra que cansada de llorar está ahí durmi endo las largas vijilias de mi asistencia-En cuanto

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