Veladas literarias de Lima: 1876-1877
JUANA M. GORRITI 185 Era la negra. -Señor-me dijo en excelente castellano y con el agrada- ble acento 9 J>0pular de Lima-mi señorita desea hablar con su merced, y le ruega se digne escucharla: no aquí sipo al lado de su cama, donde la tiene postrada ya su terrib~ do- lencia- Y la negra llorando con angustia me condujo á la sun- tuosa morada de su ama. Pasmáronme los rápidos efectos de la tísis en aquella her- mosa jóven. Era ya un cadáver. Todos la habían abandonado; todos, excepto la negra que arrodillada al pié del lecho volvia el rostro para ocultar sus lágrimas. -Acérquese usted, señor-dijo con voz apagada la mori- bunda-Gracias, por la prontitud con que se ha dignado usted acudir á la demanda de una desconocida- Díjela que todos éramos hermanos en Jesucristo y nos debíamos auxilio y proteccion. -¡Ah!-exclamó ella-cuan buena, hermosa y consoladora es la religion, aun para aquellos que la olvidan. Yo, padre mio, nací y me eduqué bajo su santa ley; pero las riquezas y las vanidades del mundo me perdieron. Mas culpable que una pagana, conocjenclo á Dios, he vivido sin pensar en El; ni rendirle su debjcla acloracion. Las riquezas que su munificencia me habia dado, hélas consagrado al culto de mi cuerpo, e.ste ídolo de barro que yo c~rgaba de joyas y telas preciosas, cual si hubiera de ser eterno y que ahora yace destruido y próximo á volver al lodo de que fué formado. Hé aquí llegarla á su término esta vida que se ha deslizado breve como un sueño; inútil como un raudal al travez de un yermo. Mas Dios en su misericordia, ha permitido á la pecadora volver atrás, desandar el mal camino y hacer al fin aquello que descuidó al principio.
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