Veladas literarias de Lima: 1876-1877

184 VELADAS LITERARIAS e <le premiar la virtud de esta niña, escuchen esta historia q ue en pocas pala b_ras voy á referirles. IV e -E ·gorro, el poncho y la vicuña que me envuelven ocul- tan mi estado: soy sacerdote- A estas palabras el viajero se descubrió, mostrando tonsu- rados sus blancos cabellos. María se puso en pie y besó la mano al ministro del Altí- simo. Este continuó. -No ha mucho, viajando por Europa, fuí á pasar el in- vierno en Niza. Alojéme en un hotel con hermosas vistas al Mediterráneo, rodeado de jardines y arboledas. Vecino á mi cuarto, ocupaba un departamento de primera clase, una muger jóven y bella, aunque en estremo pálida. Parecia enferma: y todos los d ias á la hora en q ne el sol brillaba en el zénit, salia acompañada de una jóven negra qu e la servia y con lánguidos pasos iba á sentarse en un banco deljardin. . Allí permanecia horas enteras meditabunda, con las ma- nos cruzadas sobre sus rodillas y la mirada vagando triste , en el vasto horizonte que de allí se descubria. La negra sentábase en el suelo, y colocaba en su regazo los piés de su señora. Un dia el sol pasó sin que la pálida jóven viniera á buscar sus calorosos rayos en el banco del jaruin. A los alegres visitantes que llenaban de ruido su salon, sucedieron otros taciturnos y sombríos. Eran médicos. Un dia salieron moviendo la cabeza con signo de mal agüero. Y no volvieron maA. Ese dia al anochecer llamaron á la puerta de mi enarto.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx