Veladas literarias de Lima: 1876-1877
JUANA M. GORRITI 183 ----- -------------- -Mi Niño Dios! mi lindo Niño Dios!-excla mó la niña besando ·la mano á su ma4re. -Gracías, mamá, pero ¡;:abes que en ~·ecompensa te reservo unas al1'.ricias? Adivina tú tambien. -Cómo podré adivinarlo cuando todo cuanto haces, hija mia, es loable y santo. --Pero yo sé que entre eso loable de que hab las hay algo _que había de agradarte mas: dí ! -En verdad que no acierto ... Mas .... ya! ya se! Habrás hecho un bello análisis gramatical que te vald rá los elogios ele tu anciano Maestro. -Mejor que eso. ¿Qué dices de practicar b ajo nuestro pobre techo Ja hospitalidad? -Oh! un peregrino! -Sí, y venido Je larga distancia. -A pié? -No: que su corcel pasta detrás de la casa, l a grama de m·i praderita. -Pero ¿dónde está nuestro huésped? -Hélo aquí-respondió ella entrando en la sala y seña- lando al viajero, que se habja puesto de pié y saludaba con una profunda reverencia. -Siéntese usted señor y sea el bienven ido-dijo la viuda--Much<) agradezco á mi niña la satisfaccion que acaba •le darme. -¡Ah, señora! y yo cuan hondamente entern ecido estoy ante la noble y generosa piedad de esta criatur a! ScJla en la casa, no temió la entrada en ella de un descono- cido. Pero lejos de ello, acojióme con la dulce confianza de una antigua amistad y el agasajo y solicitud d e una hija. Encontraríame confundido ante tanta bondad , si no estu- viera encargado de darle su recompensa. -Qué dice usted, señor! El deber no es un mérito y su recompensa está en cumplirlo. -Pues para que vean ustedes que Dios me rese rva la dicha
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