Veladas literarias de Lima: 1876-1877

·182 VELADAS LJTERARIAS e -En verdad, hija mia, que está esquisita. -Ah, señor!-exclamó la niña de pronto, y juntando las manos-nosotras no tenemos vino! 0 -¿ Qné importa eso, hija mia? ahora mismo t~nias en la mano 1:1..n vaso de agua cristalina que beberé con gusto. -¿Y, si usted prefiriera un vaso de chicha? Le agrada á usted esa bebida del pobre? -La chicha es para mí, hija mia el mejor de los licores. Benditos los Incas que nos la dejaron en herencia!- y tomando el vaso de espumoso líquido que la niña le presentaba-A tu salud: benéfica criatura!-dijo inclinán- dose ante ella. Y lo apuró con delicia. -Gracias, señor. Ahora voy á quitar el cubierto y poner en su lugar este vaso de flores. Son suches .... Qué bien huelen! verdad? Pues su perfume nunca se desvanece aunque se sequen .... Pero, hé ahí á mamá que viene del pueblo .... ¡Pobre- cita! .... cargada con la canasta de recado. Voy á quitársela- y corriendo al encuentro de su madre-¿ Por qué te mal- tratas así, madrecita mia!-la dijo entre un abrazo y un beso -Pudiste pagar un real á ño Ascencio el cargador; y te ha- bría traido ese peso que para él es nada; mas para tí es dañoso y superior á tus fuerzas. -Pues, hijita, héme aquí muy fresca y con ese real te he comprado ....Adivina qué! -¿Un carrete de hilo? -No! -¿Un dedalito? -No! -¿Agujas? -No! -Qué es, pues, mamá mía? -Este bello grabado que tanto te gustó en la tienda del librero.

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