Veladas literarias de Lima: 1876-1877

e 154 VELADAS LITERARIAS -Así sea hijo mio, murmuró no entre dientes sinó entre encías el señor Obispo, á quien el mondongo se le volvía es- topa en el gnargüero, porque hubiera deseado aniquilar al cura que tan mal lo trataba, gastronómicamente ha<d lando. El que de curato en curato habia saboreado gnstosísimas aves, c_ in0itantes entradas, conservando principios, jugosos jamones, postres finos, opíparos dulces y catado vinos secula- res, hallarse ele manos á boca con el mísero párroco que por todo regalo le presentaba el nwndongo. ¡Oh profanacion ! ¡Anatema sit! .... La merienda acabó á las ocho de la noche y el señor cura transformándose en cande labro portátil, condujo al obispo y al secretario á una pobre pero aseada habitacion en la que se distinguian dos catrecitos de ti.jera con sábanas albas, res- plandecientes frazadas de lana de vicuña ;/ llmpios almoha- dones. Entre el espacio que dejaban libres ambas camas fronteras, y arrimado á la pared, se veía un canapé de ba- queta adornado con enormes tachuelas doradas. Ocupaba el medio de la habitacion una mesa de nogal, especie de levia- tan, con nn recado de escribir. Varias sillas tambien ele ba- queta, y un aguamanil triangular con sus útiles, completaban el mena5e de aquel cuartucho. El Seño1· Obispo se acostó rezando sus oraciones de cos- tumbre, lo mismo hizo sn secretario, y apagando la bujía, dijo el primero de esta manera: -Vaya en gracia con el cuitado y descartes cura; mal recibimiento, peor comida y pésima cama; esto le cuesta la pérdida del curato, en cuanto estt5mos en la ciudad. -Bien hará U. S. por el desacato y la falta de longamini- dad de que este clerignillo nos ha hecho víctimas expiatorias -contestó el secretario. En el cuarto inmediato estaba el cura con el oido aplicado al tabique divisorio: escuchaba perfectamente la conversa- cion y sonreía sin cesar.

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