Veladas literarias de Lima: 1876-1877
ACISCLO HLLARÁN 155 -Tan pésima es la cama, Doctorcito, (continuó su Iltma.) que la almohada está llena de tolondrones; parece que tu- viera debajo todo el nevado del Sorata. -Del rllisrno mal padece la mia, mi señor Illmo. (fueron las palabras del Secretario). Sucedió un silencio sepulcral. Y al mismo tiempo el obispo y el secretario introduciendo la mano bajo los almohadones de sus camas, encontraron un salchichon duro y pesado; rompió cada cual por un estremo el papel del envoltorio y la salchicha estaba rellena de mone- das, qne por el peso, la dimension, la suavidad y el cordon, no quedaba duda de que eran onzas de oro. El silencio prosegnia. Apercollada la polla por su señoría y el secretario, el pri- mero rompió el silencio con las siguientes palabras, qne eran de disculpa para el cura. -Viéndolo bien, mi secretario, el clérigo no ha hecho mal en colocarnos juntos en una habitacion; si nos hubiera se- parado, no tendríamos el grato placer de charlar á nuestro contentillo. -Exactamente, señor Illmo., repnso el secretario, si me pl~ rmite U. S. Illma. hacer justicia, le diré con el debido res- peto, que el vinito era mas que regular. -Sí hombre, interrumpió el Obispo; era un buen vino, y si quieres que te diga una cosa en verdad, se debe confesar francamente que no estuvo tan malo el nwnclongitito. -Sí señor (habla el secretario) muy bueno qne estaba el mondonguito. III Un üeni ?nas con sus ribetes. Quede á Herodoto la gloria de que le reconozca la ciencia como creador de la hiRtoria universal y rindamos al maestro y amigo Palma el homenaje que le acuerda la literatura nacional, por ser el padre legítimo de la tradicion peruana.
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