Veladas literarias de Lima: 1876-1877
ACÍSCLO VILLARÁN 153 nada otra cosa hahia que defectuosos apuntes en tiras de papel, pero esto tampoco preocupó al obispo, porque tambien la estadística estaba entónces en estado embrionario, y ni aun habi! esperanza de que llegara al perfeccionamiento que hoy, en que el censo de la encantadora y populosa Lima arroja 80,000 hijos de vecino y vecina, por toda suma total. Prévio un paseito á pié por la po blacion y su campiña llegó la hora apetecida de la merienda. La mesa estaba puesta por la respetable matrona que asiste al señor cura en sus enfermedades cotidianas y muestra vo- luntad dispuesta á describir el acta solemne de las mastica- ciones. Mantel limpio, un par de limetas de vino de Lanchas, nn lebrillo de mondonguito con papas amarillas, el mentado y tradicional pan que lleva el nombre del pneblo y que es nna celebridad en toda la América del Sur, cancha en abundancia y mate de leche, constituian las viandas de la merienda, admitiendo el absurdo de que el lienzo que cubria la mesa fuera un alimento dijerible. Muy atento estuvo el cura con su encumbrado huésped, y en el párrafo que le echó empinando respetuosamente el codo, no se descubría nada de eso que en estos progresistas tiem- poR abunda en los brindis que dirijen á los que suben al mando supremo, aquellos que merced á discursos sempiter- nos se buscan la vida de magnates. El cura no sabia adular ni tenia para que dedicarse á esa profesion diplomática, que hasta un ministerio vale hoy á los que lo estuclian por principios y la practican por instinto. Copiamos las palabras del Dr. Luna Victoria al obispo Ori· huela: «lltmo. señor: »Tomo esta copa deseando, de toda& veras, bienaventuranza y gloria á la Iglesia y al Estado, completa salud á su señoría y acierto en la direccion esriritnal de su amada grey».
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