Veladas literarias de Lima: 1876-1877
112 VELADAS LITERARIAS puesto á lo fantástico. 01 vida esos delirios y no turbes con ellos nuestra felicidad.-- y la jóven sonreía á su amado, y volvía á hallar en sus . ( OJOS la ventura. Ahcl con ra.wn es el amor el cielo de nuestra vida! .... ]\fas apenas se apartaba de él, tornaba á caer en aquel sonambulismo, al través del cual miraba los acontecimientos fatales del porvenir; y ya ni la presencia de Hernando podia calmar su afliccion. Buscábalo y huía de él; lo atraía á sus brazos y rechazá- balo, exhalando gritos ele horror. Carvajal, profundamente consternado veía en esos lúgu- bres síntomas la espresion de la locura; habría querido a!'re- batar á 6umac y llevarla lejos, muy lejos de aquel teatro de horror, á algun paraje solitario, donde el silencio y la sole- dad, calmando sus sentidos agitados la restituyeran á sn amor. Pero el deber lo retenía en su puesto, como instrumento y agente de la inícua conquista, testigo del homicitlio con que Pizarro manchó poco desp:rns el esplendor de su gloria' cuando doblemente escitado por la codicia y el fanatismo, hizo perecer á Atahualpa entre los brazo;:; de su familia, en el fondo de un calabozo. Al presenciar el horrible acontecimiento, 8umac cayó al suelo inanimada y fria. Vuelta á la vida no exhaló sollozos ni derramó lágrimas; muda, impasible, la voz del amor no tuvo ya poder en su alma .... Al sigt1iente dia, en medio de los funerales con qne el impío Valverde ultrajó á la religion de Jesucristo y á aquel régio cadáver, una muger con el rostro severo, desmelenada y rasgados los vestidos de duelo, penetró en el templo, sin qne las guardias se atrevieran á detenerla. Era 8umac! Acercóse al atand, dobló una rodilla y, posando un beso
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