Veladas literarias de Lima: 1876-1877
ANGELA CARBONEL 109 Derepente sintió sobre la cota de malla una delicada mano que se apoyaba en su hombro; volvióse, y cuál sería su admiracion viendo delante de él á Sumac. -Tú a<?uí, hermosa virgen-exclamó! -Habla mi. lengua, murmuró la india. Oh! la v1s l_-9 n no mentía. Hé aquí el hermoso guerrero entrevisto en medio de los combates; es él, con su gallarda presencia, la marcial espresion de su semblante y, sobre todo, con ese hechizo que cautivó mi alma. -Qué dices princesa? Me habeis visto? ... ,.Cómo?..... Dónde? -Escucha,-dijo ella.-Un dia, hace de esto mucho tiempo, encontrc1.bame no lejos de aquí, á la orilla de un manantial: estaba sola y meditaba. Derepente sentí sobre mi cabeza un rumor semejante al que produce en su vuelo el ala poderosa del cóndor, y una voz qne remedaba el soplo del huracan.-- «Hija de Huaina-Oapac, me dijo; yo soy el Espíritu de los montes y amo á tu raza, cuyos progenitores acojí en mis collados cuando peregrino de lejanas regiones arribaron á esta playa. Para salvaros ele los desastres que os amenazan, he recorrido los espacios y arrancado al porvenir sus arcanos, quiero revelarlos á tu mente; cl8 hoy mas reflejaránse en ella como la imágen sobre las aguas de un lago, y cuando veas las desventuras que agnardan al Imperio de los Incas, la discor- dia fatal que las divide, muéstralo i tu hermano y enséñale a buscar en la union la fuerza». La voz calló y el silencio que sucedió á sus palabras me despertó de la abstraccion en qne yacía. Dr-sde esa hora, el futuro abrió á mis ojos sus inmensos horizontes. Ví descendiendo de lo alto de nuestras corLlilleras falan- ges de hombres de aspecto feroz sentados sobre brutos, con los que formaban un solo ser, portadores del rayo y del trueno que dirijian á su albedrío. Vílos acercarse, fijando en nuestros frondosos valles mi radas ávidas de codicia, y
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