Veladas literarias de Lima: 1876-1877

108 VELADAS LITERARIAS cleslnmbrado mi alma, allá, entre las brumas misteriosas de mis ensuefios. Sí, llega, me mira, lo reconozco, caig0 á sus piés y él me levanta en sus brazos. Pero con él llega tambien la guerra, el incenc io, la des- trucc'-0n, el pillaje. . . . . Gran Pachacamac ! preserva tu hijo, preserva al Inca! ...• - Y triste y llorosa huyó de allí y fué á esconderse en el retiro mas apartado del palacio. Atahualpa quedó sobrecojido de espanto al escuchará su hermana: él tambien sentía, allá. en el fondo ele su alma, sombríos presentimientos que, con frecuencia, venían á tur- bar la serenidad de Sil augusta frente y á agitar horrible- mente su pecho. Un dia apareció en el valle una legion de extrangeros; su presencia era bella, su apostura audaz, la misma que el Dios Wiracocha señalara en aquellos que, un dia, habian de traer al Imperio de los Incas la destruccion y la muerte. Sin embargo, el Inca recibió su embajada con homenajes da afecto y amistosas promesas. Hizo mas aún, sereno y confiado, fué hácia ellos seguido de una corta escolta. Pero en vez de la acojida que esperaba, vió caer á los suyos de muerte, y él mismo se encontró cargado ele cadenas y encerrado en nn calabozo con su desolada familia. Entre los compañeros del conquistador habia un gallardo jóven cuyo nombre era Hernando de Carvajal; enviado cerca de Atahualpa, penetró en el calabozo y se acercó con respeto al triste grupo que formaba la imperial familia. Pm·o no bien Sumac levantó los ojos sobra el jóven, dió un grito y corriendo hácia él, tendidos los brazos, cayó desma- yada á sus piés. Deslumbrado por aquella beldad, Hernando salió llevando su imágen en el corazon. Aquella noche el jóven hallábase de faccion apostado con su gente en lo hondo Je una quebrada. Mediaba la noche: Carvajal, el yelmo en la cabeza y la vicera baja, velaba recostado al tronco de un árbol.

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