Veladas literarias de Lima: 1876-1877

ANGELA CARBONEL 107 Nadie lo sabía y Sumac caía frecuentemente en prolonga- dos letargos; pero observándola se notaba que en ellos con- versaba, amaba~ reía, gozaba y sufría. Alguna! palabras faltas de sentido, al parecer, se le esca- paban, y muchas veces al volver de ese eRtado de se¡nnda vida, se la veía sentada en parajes solitarios, trazando con el dedo en la arena extraños caracteres. Largas horas pasaba escuchando-¿qu.3?: imposible de ave- riguarse. Otras manifestaba deseos de atravesar las praderas, de subir á esa inmensa cordillera que abraza nuestros valles, de salvar los torrentes, de contemplar las bellezas del mar, y tambien de investigar lo que nias allá habia: era una especie de monomanía, y los corte-sanos llegaron á temer que aquel estado de la princesa fuera algnna enfermedad mental. Atahualpa quiso buscar en el matrimonio el remedio, pues distraida' con nueves deberes, sus ideas cambiarían á la vez. Pero Sumac opuso una registencia ta], y sn salud sufríó tan profunda alteracion, que el Inca desistió ele su proyecto. -Flor de mis valles,-la dijo,-no quiero tiranizar tu vo- luntad. Para tí no soy el soberano, s1no el hermano.- Sumac sonrió al Inca, y volvió á sus meditaciones. Atahualpa miró á su hermana con afan; era snpersticioso, y m·eyó notar en los ojos de la princesa un extraño fulgor: algo como la revelacion del destino en las horas supremas de la vida. -Hermano-le dijo un ella la princesa, saliendo por pri- mesa vez de su extraña taciturn1dacl-Yo veo la division alzarse entre nosotros como un signo de muerte, destruyenc1o nuestra fuerza y entregándonos sin defensa en manos de aquellos q ne vienen de las regiones de la aurora y arreba- tándonoslo todo: poder, riquezas, libertad.- y exaltándose de mas en mas-allí vienen, exclamó, los veo~ el rayo los acompaña, el rayo seguido de horrísono trueno. Pero ah! .... sí, allí tambien, con ellos llega aquel que ha o

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