Veladas literarias de Lima: 1876-1877
84 VELADAS LITERARIAS Izquieta, quien haciendo una cruz bajo el tapete aflojaba senas y quinas que era un primor. Rojo de berrinche y me- sándose las barbas estaba el perdidoso, milmtraa sn adversa- rio le decia con aire zumbon:-Vuesa merced lo h~ querido. ¡Qui' lo metió á habérselas con los Izqnieta? Guárdese vuesamerced para cjgarros esa últjma onza que le qnEJda.- Decididamente la fortuna se le habia vuelto suegra á Don Lesmes y ya se sabe que suegra ni de caramPlo. Como las emociones del juego despiertan la sed, entróse Pirindin á la taberna de la esquina y pidió al pulpero nna botella no sé sí de Catalán ó Carriñena. Vino puro y ájo crudo dice el refran, hacen al hombre agudo. Pero hasta en ese sitio perseguía á nuestro pobre diablo la desdicha; porque mientras el pulpero traía lo pedido, sentó- SAle al lado Juan Izquieta y brindóle una copita de Marn;a- nilla, en la cual babia vertido antes una gotita de oleo sagrado. Como lo valiente no quita lo cortés, apuró la copa don Lesmes ó hízole el propio efecto de un vomitivo y salió dando traspies con la bilis s~blevada y la cabeza como una devanadera, echando sapos y culebras por la boca. Acertó ri pasar la ronda y hallándose con borracho tan impertinente y escandaloso, sobre si dijo pares ó dijo nones, dispuso el alcalde que los alguaciles lo amarrasen codo con codo, y lo llevasen á la cárcel á dormir la mona. Él se re- sistió como un energúmeno, pero unos cuantos garrotazos lo hicieron cabrestear é ir á chirona. Cuando al dia siguiente lo pusieron en libertad, reflexionó Pirindin como hombre de mundo y de buen cacúmen, qne desprestjjiado como estaba, no p0dja continuar viviendo en Cerro de Paseo sin hacer papel ridículo y esponerse á la general rechifla y á que hasta lo~ muchachos. se le subiesen á las barbas. Resuelto pnes, á irse con sus petates á otra parte, diri- jióse á la acequia de la cárcel, rompió la escarcha, Iavóse
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