Veladas literarias de Lima: 1876-1877

RICARDO PALMA 83 en ello á pisar el umbral cuando de improviso y como mordido de víbora, dió un brinco hasta la pared de enfrente. Rabia tropezado en el quicio de la puerta con una ramita de olivo b'endecida por el Cura el Domingo de Ramos. La cosa no era para menos que para dar un salto como~l de Alvarado en Méjico. La muchacha se picó con el desaire y puesta en jarras, porque era hembra de mucho reconcomio y pujavante em- pezó á apostrofar al galan. Este, que no se mordia la lengua, la dijo el sol por salir, y le cantó la cartilla y aun me cuen- tan (yo me lavo las manos) que la llamó por las cuatro letras. Al escándalo que se armó ai:omaron los vecinos y un moco- suelo que pasaba por hijo del sacristan de la parroquia, se puso á cantar con mucha desvergüenza y á repicar con unas piedrecillas: Calabazas y pepinos Para los niños zangolotinos Y eche usted, eche, Café con leche; Calabazas y melones Para los hombres bobalicones Y eche usted, eche, Café con leche. Corrido don Lesmes, abandonó el terreno tociendo gordo y refunfuñando y en clos zancajadas colóse en el primer garito que encontró al paso. Allí lo esperaba Antonio Izquieta, y suponemos que al encontrarse con él murmuraria don Lesmes-Vamos ! hoy todas son desgracias.- Al cabo de un rato se amarró partido ente ambos. Cada vez que Pirindin tiraba los dados hacia Antonio la cruz por debajo de la mesa y nuestro aventurero echaba ases ó cua- dras. Pasaban las muelas de Santa Apolonia á manos de

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