Un Héroe Civil

9 está a su lado, vomitando fuego y humo, con un infernal estrépito de hierros. Apenas tuvo el tiempo indispensable para saltar al otro lado, en parte empujada por la fuerza de expansión de la máquina en su veloz carrera. Él había contemplado la escena descrita, mudo de asombro y de terror, y alargó hacia la niña los brazos en un movimiento instintivo de altruismo, alcanzando a recogerla del suelo cuando ya había pasado todo peligro. Así, pues, había sentido el impulso generoso de salvarla; era, en realidad, su verdadero salvador. Estas y otras reflexiones de parecida índole, si bien no le aclararon el móvil de aquello de echárselas de héroe, sirvieron para tranquilizar su conciencia, barriendo de ella hasta el último escrúpulo. Y se dirigió a su casa, dispuesto a esperar con serenidad lo que pudiera sobrevenir. Mientras caminaba, iba pensando con delectación en el halago de la popularidad. Eso de ver la propia imagen reproducida en todos los diarios, en un marco de elogios, le parecía la mayor satisfacción a que

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